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Implante de cabello, una operación delicada

Implante de cabello, una operación delicada

Jueves, 8 de diciembre

 

Hay una serie japonesa de dibujos animados protagonizada por un tipo musculoso, que es capaz de realizar una extraña técnica de combate con los pelos de su nariz. Este luchador, que es capaz de estrangular a sus adversarios con unos pelos que son como látigos lanzados desde sus orificios nasales, responde al nombre de “Bobobo” y su teoría es que los pelos del cuerpo tienen vida propia, hablan entre ellos y sufren al ser cortados. No sé por qué hablo hoy de pelos, quizás sea por la experiencia tan curiosa que tuve ayer en la peluquería, un lugar al que me resisto ir todo lo que puedo mientras tenga alguien cerca con un poco de soltura para cortar el pelo. Ahora mismo no tengo a nadie cerca para que me haga algo así. 

Me gustaría continuar diciendo lo que pienso respecto varias series japonesas de animación, pero creo que es mucho más interesante y morboso relatar mi visita a la peluquería nocturna de Nou Barris, al fin y al cabo este es mi diario y esto es lo que me ha pasado. Os explicaré en qué consisten las peluquerías nocturnas por si no lo sabéis. Son lugares muy agradables, tan sólo abren de noche, a partir de las diez y cierran de madrugada, como cualquier discoteca. Mientras esperas para que te corten el pelo te dejan en un reservado con una copa y una chica de compañía –puedes elegir chica o chico, según tu humor sexual del día-. Os recomiendo que siempre vayáis solos a las peluquerías nocturnas.

Pasé una hora en el reservado -una estancia llena de cojines y con olor a incienso-, con una mujer extraordinaria, Chantal, de madre francesa y padre andaluz, una mezcla explosiva cuyos frutos habían sido exuberantes en todos los sentidos. Quizás superaba los 40, pero Chantal me ofreció su faceta sexual más adolescente, y yo me dejé llevar sumergiéndome en su falda tableada de la que se desprendió rápidamente, apresurándome a arrancar con los dientes un tanga anaranjado que resaltaba la piel aceitunada de sus pantorrillas. Mi cabello se preparaba para ser cortado de esa manera.  

 

Cuando llegó el turno de pasar al lava cabezas, me enrollé una toalla blanca alrededor de la cintura. Una chica joven me lavó el pelo, masajeándolo con cuidada atención con unas manos finas, con las uñas pintadas de color rojo que armonizaban con su cabellera morena, que le caía por encima de los hombros y casi rozaba mi frente, al estar yo con la cabeza inclinada hacia arriba, dejándome acariciar por aquél ángel. Recuerdo el delicado aroma del champú, y las agradables caricias de la espuma al resbalar por la frente.

 En fin, el corte de pelo que me han hecho me gusta, y mi cabellera no ha sufrido demasiado. No me lo he cortado demasiado corto, para que no tarde en crecer y visitar de nuevo la peluquería nocturna; no me acordaba que uno lo podía pasar tan bien en esos lugares. Es curioso como funciona esto del pelo, es muy similar a cuando te rompen el corazón, te lo hacen trizas con unas tijeras, sientes que te lo cortan en mil pedazos pequeños y quedan esparcidos por el suelo, ensangrentándolo todo. Te da la sensación de que te quedas con un agujero en el pecho y de repente se vuelve a regenerar solo, continua su ciclo vital y vuelve a crecer y crecer... 

Cuidado: jamás se os ocurra haceros la permanente en el corazón. Una vez moldeado a conciencia no hay marcha atrás, y vuestra forma de sentir puede verse alterada seriamente. Mi consejo es dejar que crezca y crezca y crezca, hasta tener un pecho en el que no os quepa un corazón semejante. Os envidiarán por ello.

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1 comentario

barbara -

Me interesa muchisimo lo de la peluqueria....me podrias dar los datos?? no encuentro nada en la web
GRACIAS!
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