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laescaleradecaracol

With a little help of my friends

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Viernes, 20 de enero

Estuve a punto de salir a la calle como Travis, con gafas de sol y cargado de armas. He de aprovechar el fin de semana para descansar pero las horas de sueño son imprecisas de determinar tratándose de una temporada tan reveladora. No puedo decirle adiós a la noche, las mejores flores se abren a esas horas.  

Bajé al centro, para dejar que el caso pasara inadvertido por unas horas. Mi casa no necesita ningún exorcismo de momento, así que puedo invitar a cualquier extraña a enseñarle mi colección de películas de detectives o explicarle como hacen los psicópatas para deshacer un cadáver sin que quede ni rastro. Un proceso entretenido.

De nuevo con Herman Düne aparco justo delante del bar para dirigirme a una fiesta para gente moderna, promovida por la organización de un evento singular en el que se alaba la sencillez de una tostada untada en mantequilla. Ya he estado en sitios así antes y sé de qué está llena toda esta gente. Me regalan una chapa al entrar. Cool.  

En medio de la sala cuelga una gigantesca lámpara de araña, y la gente que baila debajo queda iluminada por pequeños puntos de luz que saltan de cuerpo a cuerpo, en un movimiento rotatorio. Es como estar dentro de una pecera. No recuerdo los nombres de las personas con las que he entrado a la gran fiesta, pero sí que recuerdo a Betsy, que se parece a esa chica rubia que me mira sentada en un rincón, y también a Iris, que es casi igual a esta otra que baila a mi lado. Iris, no puedo hacer nada por ti, no te puedo pagar el billete de vuelta para que regreses a casa de tus padres, pero quizás pueda acompañarte en el misterio de esta noche.

Siento el móvil que vibra en mi bolsillo al recibir un mensaje. “Siempre son los malos tiempos y siempre son los buenos. El portal se abre en: Bruc 141, esquina Ronda de San Pere”. De nuevo otro mensaje en clave de los que a mí me gustan. Salgo fuera de la fiesta, me enrollo uno de estos y cojo un taxi hacia la inspirada dirección.  

Se trata de una importante compañía discográfica, Good&Bad Records. Historia y destino se unen a veces para brindar estos curiosos estados que sin duda se acercan a la experiencia mística y en los que caigo una y otra vez. Me presentan a la banda que están a punto de lanzar al mercado -de nuevo más modernez a mi alrededor- y me dejo llevar sin remedio por la música y el verdadero grooving, que resultó que estaban en ese piso de la calle Bruc y no en la discoteca de la calle del Tigre.

El nombre de la fiesta era:  KILL THE DJ. Así lo hicimos, Iris et moi.
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1 comentario

el conejo blanco -

Querido Jaques,
no caigas en tu cínica ironía, es demasiado fácil. Siendo detective no te costará mucho saber quién soy. No tires la toalla, no eres un perdedor, mi mago.
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