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Encuentros en la 2ª Fase: Comunicación O.V.N.I

Encuentros en la 2ª Fase: Comunicación O.V.N.I

Ir tras la pista de un fantasma es realmente complicado. Leyendo acerca de las atrocidades que cometió Luther Blisset cuando mantuvo en activo su movimiento Espiritista a lo largo de España y Suramérica, ocultistas e historiadores de la crónica negra coinciden en afirmar que Blisset estableció varios contactos con vida extraterrestre durante algunos años, o por lo menos conocía la existencia de vida en otros planetas y el modo de comunicarse con ellos.

Este tema de los alienígenas me parece tan curioso que me he puesto a indagar más y más acerca de ellos, acerca de qué modos podría yo establecer una línea comunicativa con estos seres que sin lugar a duda existen, son inteligentes, y nos observan en todo momento.

Tanto a X como a mí nos tienen muy preocupados los asuntos relacionados con el espíritu. Ambos andamos tras la pista del fantasma de una niña, que al parecer encierra las claves para salvar a la malograda Diana. Investigando a Blisset y su relación con las sangrientas reuniones que se llevan a cabo en algunos pisos de Barcelona, se nos ha despertado una tremenda curiosidad por hablar con los marcianos y ver si pueden aportar algún dato relevante que ayude a reconducir nuestras pesquisas por el camino adecuado. Me temo que desde ahí fuera hay alguien que mueve los hilos, y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo.

Una señal lanzada al espacio, según las coordenadas que utilizó Blisset en su día, es la única forma que tenemos para saber si realmente podemos mantener la esperanza de que algún día vendrán de ahí fuera en una nave, de que sabremos la verdad. Tras la emisión de la señal a través de una máquina-transmisor de ondas que hemos aprendido a utilizar entre los dos, nos quedamos en silencio, esperando. Pero nada, no hay respuesta, allí arriba no han escuchado nada, ninguna nave nodriza ha recogido nuestro saludo. Nos hacemos unos cuantos jalandros y bebemos cerveza Alambra embotellada, que está más buena que la de lata, mientras esperamos. Pero siguen sin decir nada…

Cuando era pequeño vi en una ocasión luces en el cielo, durante una noche estrellada, caminando por el bosque con mi primera novia. Aquellos relámpagos azules correspondían sin duda a un objeto volador no identificado, pero no quise alarmar la conciencia de mi acompañante porque no quería que le entrara algún tipo de miedo e influyera en nuestro romanticismo. Ella no era ninguna estrecha, así que aunque hubiéramos visto a Big Food o el monstruo del Lago Ness, su lívido hubiera permanecido igual de inmutable, envueltos ella y yo en una burbuja de sofisticación chic, perdidos por el monte en medio de la noche. 

El transmisor comienza a emitir extraños sonidos y empieza a teclear un código. ¡Son ellos! Nos están contestando. En pocos meses nos hemos comunicado con fantasmas y extraterrestres. Me sentía orgulloso de ello, hasta que leí el mensaje en la pantalla una vez descodificado por mi compañero: “ESTOY SOLA Y ASUSTADA. SOCORRO”. Y de repente, un trueno estalló en el cielo, dando pie a una fuerte lluvia, que nos mantuvo encerrados toda la noche, sin poder salir a comprar más cerveza.

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