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laescaleradecaracol

Condenado

Condenado

(…)Creo que habrían transportado el cuerpo sin cabeza en una carretilla. En el suelo del hangar, la rueda había dejado un rastro intermitente de marcas de sangre. “Jacques, vas a quedarte solo en la escena del crimen hasta que vuelva Diana”, murmuró el agente. Antes de marcharse, añadió: “Intenta encontrar todas las pistas que puedas con tu cámara de infrarrojos” Y me dejó allí solo, delante del torso decapitado de una mujer doblemente desconocida; Desconocida primero, al profanar  el territorio de un cuerpo que me era completamente ajeno.  Y segundo, por tener de esa mujer tan sólo un rostro imaginado, flotando en el aire donde una vez estuvo su cabeza(…)

 

Me agazapé detrás de un palé de madera, repleto de tuberías de plástico, y esperé. Diana llegó a los pocos minutos, pero yo permanecí en mi escondite detrás de las cajas. Aquél animal olisqueó el aire, y seguramente adivinaría que yo me encontraba allí, pero por algún motivo no vino a por mí. En su lugar prefirió coger por los brazos el cadáver, y arrastrarlo caminando marcha atrás hasta el despacho de uno de los agentes portuarios. El suelo del hangar quedó marcado por un rastro de sangre, que se veía de un color azul luminoso, cuando miraba a través de mi cámara (…)

 

Fragmento de La escalera de caracol: Diario de un detective

 

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