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El sabor de

El sabor de

Viernes, 23 de diciembre

 

No me había dado cuenta de que tenía un mensaje en el teléfono móvil. Yo le llamo X, pero evidentemente tiene nombre y apellidos, aunque yo los desconozco. X es mi contacto en el distrito de Poble Nou. Él está al corriente de todo lo que acontece en esa zona relacionado con fantasmas y manifestaciones paranormales. Las historias que cuenta dan mucho miedo. Tomamos una cerveza juntos hará cosa de una semana. No lo escribí en mi diario entonces, por entender que algunos de los temas que me traigo entre manos son más susceptibles de comentar que otros, y porque lo que me explicó de verdad que erizaba los pelos al más valiente.  

La existencia de sectas y agrupaciones cabalísticas que practican ritos extraños está completamente constatada en la ciudad de Barcelona. X trabaja ahora en un caso de asesinato. Su cliente tiene la convicción de que su hermano de 43 años murió a manos de unos brujos, debido a una maldición que contrajo al comer carne humana, que le fue ofrecida por un grupo de adoradores del diablo. Al ingerir la comida que ellos te ofrecen quedas “endeudado” y si no cometes un acto sangriento como ofrenda a Satanás, tu alma contrae inevitablemente una maldición que te conduce a la muerte.

Todo suena un poco extraño e incluso increíble, pero quería escuchar lo que X tenía que decirme porque me sentía preocupado por Diana. No sé muy bien dónde anda metida, me colé en su apartamento ayer por la noche y descubrí algunos libros en latín que sin duda hablan de espiritismo y brujería. Desde hace dos semanas ella no me llama ni yo tampoco a ella. Es como si los dos esperásemos el movimiento del otro para reaccionar, pero a veces tengo la sensación de que ella ya no se acuerda de mí en ningún momento ni en ningún lugar.  

Después de escuchar los consejos de X, cogí el coche y volví a mi estudio. No había tenido ninguna cita a ciegas desde hacía algún tiempo. Últimamente sólo me dejaba cuidar por Lulú. Picaron a la puerta pasada la media noche. Desde la ventana vi la silueta de Diana apoyada en la pared junto al interfono. “¿Diana?”. “Por favor Jacques abre. Tengo un problema”. Cuando la tuve delante en el comedor pude darme cuenta de la expresión de angustia en sus ojos, de la palidez de su piel. “Llevas dos semanas sin decir nada y ahora apareces así” (no pude decir otra cosa). “Jacques estoy metida en un asunto muy, muy feo. Tiene relación con la niña”. Me asusté al ver lo asustada que estaba ella.

  Diana hizo un breve resumen de lo que había estado haciendo en las últimas dos semanas. Había vuelto al puente. Encontró una familia cerca de allí, que estaban realizando un picnic y la invitaron a tomar algo. Con su cámara digital realizó algunas fotos, y al pasar los días había ocurrido algo muy extraño. Ella aparecía sola en las instantáneas, a pesar de que se había fotografiado con el matrimonio y los dos niños gemelos que estaban allí comiendo. Incluso se había hecho una foto con un perro que tenían y ya no estaba allí. Me lo mostró con temor a que yo no le creyera, lo sé, pero en esa ocasión no mentía. No sobre una cosa así.  

Ahora mismo duerme, está en mi habitación. Temo que haya entrado en contacto con alguno de los grupos que investiga X, y quizás ya no haya marcha atrás si ella está realmente maldita. Desde el primer momento en que la conocí, sabía que Diana guardaba para sí un interior oscuro e infecto, a pesar de que ella mostrara tan sólo caras de amabilidad. Todavía no le he contado nada de esto a X, pero sé que ahora mismo el tiempo no es un factor decisivo. Sin duda, me encuentro nadando en un mar de profundos cambios, y no sé dónde demonios me han escondido el chaleco salvavidas.

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