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Los caminos de la carne

Los caminos de la carne

EL "OTRO" MONSTRUOSO

El miedo a lo desconocido, al “otro”, a la sombra que acecha en la oscuridad es el miedo al Monstruo. Lo condición de lo monstruoso se ha representado de forma coetánea en las artes del siglo XIX y XX abarcando un amplio espectro en la representación icónica del MAL.

Las Metamorfosis  aparecen como el itinerario mítico y circular entre la vida y la muerte, la continuidad a través de la mutación. En este sentido, una de las figuras simbólicas donde mejor se ha plasmado esta transformación en un ser distinto (en una bestia) sin dejar de ser humano, es en la figura del hombre-lobo.

Licantropía procede de Licaón, héroe arcadio hijo de Pegaso, que fue convertido en lobo por el propio padre de los dioses al sacrificar un niño y servírselo en un banquete para poner a prueba su divinidad. A pesar del gran número de tipos de transformaciones del hombre (como, por ejemplo, la boantropía que se refiere a las transformaciones en buey o toro, la lepantropía, en liebre, o la cinantropía, en perro), el lobo acabó convirtiéndose en paradigma de las mutaciones fantásticas debido al carácter dual de su simbología: por un lado, símbolo solar, héroe guerrero y antepasado mítico; por otro, símbolo de la divinidad infernal (animal devorador en la iconografía cristiana).

Este regreso a la condición animal señala la fragilidad y la contingencia del ser humano, ejemplifica la transformación constante que sufre nuestro cuerpo y la gran inestabilidad de la que nuestra identidad está dotada: “Somos devenir: nos podemos transformar monstruosamente en una noche. Pero la pesadilla nos trae algo común: nada estable hay en nosotros, ni en el cuerpo ni en el yo.” (En relación a La Metamorfosis de Kafka)

Las películas de zombis son sin duda el lugar común más visitado para hablar de la corruptibilidad de la carne. Los  muertos vivientes han sido y siguen siendo el soporte idóneo para experimentar con los límites de los siniestro, que parte de la fascinación por ver animarse a un ser inerte.

Fotografía: Cartel de la peli The Host, de Joon-ho Bong (2006)


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