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Comprender el razonamiento de un Simio

Comprender el razonamiento de un Simio

Martes, 13 de diciembre

 Estuve en el preestreno de King Kong, el nuevo blockbuster navideño de mi adorado Peter Jackson. Realmente, para aquellos que todavía no tengan claro o no hayan experimentado en sus carnes el concepto de “película épica”, pueden tomar la historia del simio gigante como un ejemplo de lo más accesible a un género estandarizado durante algún tiempo, pero que ha caído en un bucle de representación extraño que confunde a las nuevas generaciones de cinéfilos (en las que me incluyo yo mismo). 

Está clara la trascendencia al plano emotivo que sólo te conduce el buen cine en este último  film de Jackson, que al igual que en la novela El Corazón de las Tinieblas de Joseph  Conrad, uno tiene la sensación de que el viaje a la Isla de la Calavera no es tan sólo una travesía hacia la dimensión desconocida, sino también un viaje interior durante el cual los protagonistas obtendrán una enseñanza y realizarán un cambio, al menos, aquellos pocos que consiguen mantenerse con vida en medio de la hostilidad de una isla perdida en el pacífico, rodeada de niebla, en la cual conviven todo tipo de peligrosas criaturas de naturaleza prehistórica y que es el hábitat natural de Kong, el rey de los simios.

King Kong es como una cápsula del tiempo. Un film que sin duda se merece estar entre la lista de los mejores remakes de los últimos años, ya que respeta la esencia del film original –con elementos como la utilización de la música de la película original al recrear diferentes secuencias- y porque es todo un tributo al género fantástico y a la ciencia ficción que sin duda muchos empezaron a amar con la película original de Merian C. Cooper.  

La belleza es la perdición del pobre King Kong, ya que queda absolutamente prendado de los encantos de Naomi Watts en el papel de la actriz Ann Darrow, rol que interpreta Fay Wray en el film original. A más de uno nos ha ocurrido en la vida algo parecido, por lo tanto es un discurso de lo más universal y que garantiza que la película cuente con el beneplácito del público (la crítica es otro cantar). Es normal que los hombres de razonamiento simiesco  pierdan la cabeza por una belleza, sobre todo en momentos críticos como la crisis de los 40, cuando todavía piensan que pueden enderezar sus vidas. Hay mucho chimpancé suelto por ahí.

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