CINE Y TRANSREALIDAD

por Jacques Clochard

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El gato de Sandrine y el hombre transparente

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Aurora y Sandrine se han vuelto a ver hoy, después de diecisiete años sin apenas saber nada la una de la otra. En la época del colegio eran inseparables, cuando ambas vivían en la región del Valàis. Pero la vida les había llevado por caminos diferentes. Eso fue mucho después de acabar primaria. Se podría decir que fueron prácticamente como hermanas hasta la etapa de la Universidad. Aurora y Sandrine, después de todo, eran buenas amigas, casi almas gemelas. Y las amigas se reencuentran de nuevo, aunque hallan pasado diecisiete años, siendo insolentes con el paso de Tiempo, que se lleva todo a su paso.

 

“Hace poco soñé con tu gato”, dijo Aurora. “¿Con Pistache? Pobrecillo. ¿Te acuerdas de lo que le hicieron?”, dijo Sandrine irguiendo la espalda, como si le hubieran tocado un botón que hiciera saltar un resorte de su columna vertebral.  “Recuerdo que no pude dormir durante dos o tres noches cuando encontramos su cuerpo en el  jardín de tus padres”. Pistache era prácticamente un cerdo por aquél entonces. Era un gato enorme, cebado; con dificultades para caer con las cuatro patas desde una  altura de poco más de medio metro.

 

Pistache no tuvo demasiada suerte. Tropezó con unos desaprensivos que lo torturaron hasta la muerte. Le quemaron las patas. Le cortaron la cola. Grabaron con el cristal roto de una botella de cerveza horribles marcas sobre su lomo. Una de las marcas era tan profunda que permitía verle los huesos de las costillas al pobre animal. Lo soltaron en el jardín de los padres de Sandrine, por donde se arrastró moribundo y agonizante hasta morir debajo del Magnolio.

 

“En el sueño, también aparecía un hombre transparente”, explicó Aurora. “¿Transparente? Querrás decir invisible.” Aclaró Sandrine. “No, no” “No es lo mismo ser transparente que ser invisible. Son cosas distintas" "En el sueño, el hombre transparente es el que había matado a tu gato. Lo había hecho como una especie de ritual, para volver a ser visible, como una persona normal. Pero en lugar de eso había condenado  al gato y también a nosotras, como una maldición”.

 

Las dos se quedaron en silencio un momento, y como almas que se habían entendido en su día, ambas tuvieron por unos instantes el mismo pensamiento. Recordaron a una niña del colegio llamada Christiane, que desapareció semanas después de que lanzaran al malogrado Pistache hecho pedazos en el jardín, para morir debajo del magnolio. Jamás se volvió a saber nada de aquella niña. Dejó vacío el pupitre donde se sentaba durante el resto del curso.  

 

En la calle, el hombre transparente pasó cerca de la cafetería donde hoy se habían encontrado las dos amigas por casualidad. Sin saber nada la una de la otra, durante los últimos diecisiete años. 

09/06/2009 12:51 Autor: laescaleradecaracol. Tema: Diario íntimo de Jacques Clochard. No hay comentarios. Comentar.

El blog bipolar

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Xou xou no sabe muy bien en qué consiste el ser bipolar. La enfermedad, vaya. Tengo un amigo que de pequeño era bipolar, aunque dicen que quien nace bipolar, muere bipolar. Que no tiene cura. El caso es que el psicólogo ha detectado en Andrés una bipolaridad reciente. Consiste en cambios de humor muy acentuados en breves periodos de tiempo. Él los llama cambios de humor, por llamarlo de alguna manera, pero yo lo traduzco en cambios de personalidad. He contabilizado que tiene 76 diferentes.

Andrés puso en marcha hace algún tiempo un blog en el que escribía al mundo todo lo que se le pasaba por la cabeza, la transcripción literal de las voces que le hablan desde el interior de su tarro. En realidad, es un blog que pasa casi inadvertido, no recibe muchas visitas aunque a diario escriba “mata, mata”, “muerte, muerte”, “envenena a la vieja”, “empuja a esa embarazada a los raíles del metro de la línea 5”. Todo lo que le dicta ese murmullo de su cabeza.

El blog de Andrés, como decía, no tiene muchas visitas, pero sí muchos comentarios. Los que hacen el resto de personas que viven dentro de él. La mayoría de posteos suelen tener una media de 50-70 comentarios (pensad que tiene 76 personas diferentes conviviendo dentro de él. La mayoría de las cuales con brotes-impulsos violentos-asesinos). Pero Andrés controla.

No dejo el enlace al blog de Andrés, por respeto, porque si lo llegáis a conocer algún día no le juzguéis por lo que escribe, sino por como es: un tipo muy majo.

Bajo medicación.

12/12/2008 13:20 Autor: laescaleradecaracol. Tema: Diario íntimo de Jacques Clochard. No hay comentarios. Comentar.

Una Odisea en Sitges 2008

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Estoy por el Festival de Sitges estos días (en la medida que mi curro de guionista en una ilustre productora me lo permite). Podéis seguir mis impresiones de algunos de los highlights de este año para CINE 365  pinchando aquí.

En el cielo todo está O.K.

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Estoy en el cielo. Si no soy un fiambre, este lugar es lo más parecido al Edén en la tierra.  Acabo de llegar de  Nueva Orleans; allí me dijeron que la ciudad es el equivalente a  estar en el Purgatorio. A partir de Nueva Orleans sólo hay dos caminos posibles: el cielo o el infierno. Estaba convencido de que iba derecho a las llamas. Pero no. Al final no ha sido así.

En la ciudad del Missisipi tan sólo conocí a golfos y maleantes. Putas con sífilis, chaperos que no llegaban a los dieciséis. Ciegos, algún mutilado del Vietnam, brujos, brujas, hechiceros, maestros del necromántico arte mágico del rito vudú. En Nueva Orleans tomé casi toda clase de drogas. Participé en orgías entre paredes de madera roída. Vendí mi alma al diablo.

Y por supuesto, la estatua. Desde mi casa podía ver una estatua cuyos ojos, dos piedras de color verde, me indicaban cada noche la dirección en la que se encontraba el pecado. Mi vida en Nueva Orleans, desde las tres habitaciones de color blanco, desde la casa donde te conté que vivía aquella mujer con una ortopedia en la pierna, fue un auténtico calvario.

Ahora, desde este complejo residencial de Louisiana, todo se ve mucho más claro. He subido nadando el río Missisipi, y nadie ha percatado todavía mi ausencia en la ciudad. Como te digo, esto es el cielo. Y en él puedo ver a todos tus muertos.

 

El cambio climático

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Abro el periódico para ver si has muerto. Para ver si encuentro una esquela con tu nombre enmarcado entre cuatro rayas de tinta reciclada, machacada previamente en las rotativas. Abro el periódico para ver si ya la has palmado, pero en lugar de tu cadáver lo que encuentro son artículos escritos por periodistas a los cuales les está afectando el cambio climático. Les está alterando hasta tal punto, que no les importa dejar el esperma que les sale del cerebro al alcance de cualquiera. Y se creen que así pueden hablar de algo. Y hablan de todo, menos de la forma en la que te esfumas, de la forma en la que vas perdiendo perspectiva y te conviertes simplemente en carne agusanada flotando en un charco de orín negro. Abro el periódico. Quizás hayas muerto.

O a lo mejor no.

Art NOW!

20080327225330-20080318184430-ositos-1-.jpgLa Facultat de Bellas artes, al contrario de lo que pueda parecer, está llena de jóvenes que aparentan llevar una vida bohemia entre pinturas, perspectivas y efluvios de humo de hachís que acostumbran fumar practicamente a diario. La casa de mamá y papá, a pesar de tener varios cientos de metros cuadrados y un jardín con piscina, no es suficiente para ellos, y es por eso que viajan a menudo. Los futuros artistas son así.  

Viajan por Europa, por los Estados Unidos, visitan islas exóticas. Y tienen la oportunidad de ver arte, mucho arte en directo. En los mejores museos y galerías del mundo. Pasan de visita. De tanto en tanto. Y llegan a interesantes conclusiones. Interpretan el arte universal de una manera muy curiosa. Como por ejemplo, una chica de tercero que ha aprendido a tragar temperas al huevo de diferentes colores.

Después bebe agua con bicarbonato, delante de un lienzo en blanco, y comienza a vomitar su obra.

18/03/2008 18:44 Autor: laescaleradecaracol. Tema: Diario íntimo de Jacques Clochard. No hay comentarios. Comentar.

El test de Rorschach, a su debido tiempo

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Escribo en el mismo papel, lo tengo aquí hecho una bola dentro del bolsillo. Hay varias direcciones apuntadas en él. Calles del casco antiguo, si se puede decir que en esta ciudad hubo alguna vez un casco antiguo. A día de hoy no han levantado todavía ninguna de las paredes que se vinieron abajo en el 2005, el mismo año en el que te aparecieron esas pequeñas manchas por todo el cuerpo. La casa de tus abuelos, igual que la casa de tus padres, ahora ya no existen, sólo quedan escombros. Tu sigues con las manchas y no ha habido manera de quitártelas de encima; aunque el dermatólogo está convencido de que con este último tratamiento van a desaparecer. Tú ya sabes que no va a ser así.  

Al principio temías que fuera cáncer, eso era lo que te tenía atemorizada. Ahora ya sabes que no es un melanoma, pero no pareces aliviada. Eso te agobia más todavía. No sabes de dónde  vienen esas manchas. Al igual que tú, no tienen pasado ni historial. Si por lo menos fuera cáncer tendría una explicación. Pero estas marcas simplemente están ahí. Ya te lo dije antes, la casa de tus padres se ha venido abajo. Una empresa de construcción ha barrido a tus abuelos y siguen enterrados debajo de los escombros. Pero para qué vas a ir a por ellos, si por lo menos dos cadáveres cubiertos de runa facilitaran tu situación de ahora…  

Ya sabes que en Regents Park van a hacer un concierto esta tarde en memoria de los que murieron en el atentado. Pero aunque te mueras de ganas por verme no vas a venir, porque sabes que yo también me muero de ganas de verte a ti y nunca has soportado las relaciones de igual a igual 

Cada vez me das más asco.  

Que te folle un pez.

13/03/2008 14:48 Autor: laescaleradecaracol. Tema: Diario íntimo de Jacques Clochard. No hay comentarios. Comentar.

Las razones de un detective

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A diferencia de otros niños de mi edad, cuando cumplí catorce años el tabaco y el alcohol no constituían ningún secreto para mí.  Desde la ventana de mi habitación miraba a los niños como jugaban en el solar de abajo, mientras me fumaba cada tarde casi un paquete de Ducados. Digo casi porque el resto de pitillos me los acababa de fumar por la noche, intentando ver a la madre de mi vecina Clara desnuda en su cuarto de baño.

Para verla bien de verdad cogía los prismáticos de caza que le regalaron a mi padre en navidad, y que él no había usado en su vida. Ahora los utilizaba yo para verle el coño peludo a la madre de Clara, que de por sí se veía bastante bien desde mi habitación sin la ayuda de las lentes, pero al verlo con ese aumento tenía la sensación de que casi podía hundir mi cara en él. Mi viejo ni siquiera había advertido que los prismáticos habían desaparecido del segundo cajón de su armario.

La madre de Clara me excitaba muchísimo, y en general, se me ponía dura pensando en las mamás de las niñas de mi clase. Las de mi edad no me despertaban ningún tipo de interés. De hecho, cada vez tenía el mayor convencimiento de que jamás lograrían estar tan buenas como sus madres, era incapaz de imaginármelas como las Diosas del Sexo en potencia que podían llegar a ser.                             

A Clara le había intentado meter el dedo varías veces en el baño durante el recreo. La muy golfa me decía que le dolía: "Ay, Jacques, para, me escuece...", cuando todo el mundo sabía que se metía bolis por ahí con su amiga Marta en los lavabos del gimnasio. Y sin embargo decía que mis dedos le dolían.  Estaba seguro de que si lo hiciera con su madre no le dolería, y que tras meterle los dedos durante un rato me pediría que le metiera alguna otra cosa más contundente... como mi poya de adolescente de 14 años, por ejemplo. Casi cada noche me hacia una paja imaginando esa escena, y por las mañanas intentaba dar caza a la tortillera de su hija entre clase y clase.

Pero siempre se me escurría. Constantemente.

03/03/2008 17:40 Autor: laescaleradecaracol. Tema: Diario íntimo de Jacques Clochard. No hay comentarios. Comentar.

Justicia Infinita

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Ya casi nadie hablaba de la noticia del asesinato del chico irakí, la primera vez que salí de la estación de metro de Liverpool Street. Había quedado con Marlene allí mismo, en el lugar donde dos policías dispararon a ese chaval hacía cosa de un mes, porque sospecharon que podía ser un terrorista vinculado a los atentados del 11 de Septiembre.  Una maldición sobre su juego de miradas, un bulto en su mochila Eastpack olvidada, un clima de opinión emponzoñado; nunca sabremos qué pasó en realidad. Otro misterio. Una víctima civil más. La coartada moral de la administración Bush lo sigue llamando a día de hoy “daño colateral”.

Marlene me esperaba, sonriente, con una blusa de tirantes y su faldita negra. De todas las que tenía, esa era la que se desabrochaba con mayor facilidad. Había guardado la chaqueta en el bolso, porque corría el mes de junio, y Londres dejaba de ser gris y frío por unos días. En la calle los colores eran más vívidos que de costumbre. O quizás era porque Marlene me quería. No sé. Paseamos por Brick Lane aquella mañana hasta llegar a Spitafields Market. Marlene me regaló una cámara de fotos de plástico, de esas que puedes combinar diferentes filtros y hacer fotos de colores. Cogimos el metro y nos fuimos a Holland Park a probar la cámara, pero yo era incapaz de ver la poesía por ningún lado. Y además a Marlene le olía el aliento a perro muerto, mientras insistía una y otra vez en que le perdonase y que volviera a mudarme a su casa. Yo le seguía el rollo haciendo ver que me importaba, cuando en realidad mi mente le daba vueltas al chaval que habían fulminado de un balazo.

Durante los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos nos coló la guerra contra Irak como si se tratase de una consecuencia lógica al “ataque" que habían recibido en casa, en sus propias carnes, en el centro de Manhattan. Para que no cupiese la menor duda y hubiera después alguien que les señalara con el dedo,  retransmitieron el declive del World Trade Center al más puro estilo Hollywood. O peor todavía, como un gran acontecimiento deportivo parecido al de los Juegos Olímpicos o el Mundial de Fútbol. Cuando la verdad era otra. Marlene me miraba sin comprender, convencida de que yo también seguía enamorado de ella. Incluso se lo había contado a sus amigas.

La empujé dentro del estanque de estilo japonés y cayó entre los nenúfares, golpeándose la cabeza contra el cemento del fondo. Pude oír un crriek. Cuando pararon las convulsiones me quedé allí de pie junto al agua y las cañas de bambú. Sostenía la cámara de plástico que me había regalado hacía unas horas en mi mano izquierda. Coloqué el filtro de color rojo. Miré por el objetivo y encuadré su cuerpo inerte flotando en el agua. Justo cuando estaba a punto de disparar me dije a mí mismo que no podía continuar jugando a ser el puto Stanley Kubrick:  una fotografía de ese tipo estaba hecha ya. 

Y después vinieron las manifestaciones, la cárcel, las armas de destrucción masiva y todo ese rollo. Y el ataque de Londres, con el caos en el metro y la bomba que causó los 39 muertos que iban en el autobús de la línea 12. El mismo que cogía Marlene cada mañana, antes de venir a verme.    



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