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Cómo poner un pie en el Más Allá

Cómo poner un pie en el Más Allá

Martes, 17 de enero

Por fin he leído la correspondencia. Entre las cartas hay una postal de Lulú, que me escribe desde Australia para decirme que se encuentra algo aburrida en las Antípodas, rodeada de tanto canguro saltarín. Yo mientras tanto intento reponerme de las emociones de los últimos días, estoy bastante enfrascado en varios experimentos que llevo a cabo con sumo cuidado ya que cualquier descuido  podría hacer volar mi apartamento por los aires.  

De fondo se oye a Herman Düne, un descubrimiento reciente y con el que me siento completamente identificado. Aunque todo está muy desordenado se respira un ambiente tranquilo en casa, me gusta cuando se oye música de fondo, el incienso está encendido y yo tengo algún entretenimiento entre manos. He revisado algunos manuales de mi biblioteca, entre ellos diversos tratados sobre ciencias cabalísticas y uno muy interesante sobre Pin-up’s e iconos sexuales de los años 70. No recordaba lo maravillosas que eran aquellas jóvenes, algunas de ellas atadas de pies y manos y con una mordaza en la boca. Bellezas así no pueden verse más que en la gran pantalla.

No quería que mi atención estuviera demasiado tiempo centrada en aquellos deliciosos entretenimientos, y volví rápidamente a concentrarme en el experimento que tenía entre manos. Dejé el libro de pin-up’s a un lado para volver a él más tarde y puse sobre el escritorio el manual de Cabalística y Ciencias Ocultas. La chaqueta verde de Diana estaba sobre el banco de trabajo, metida en una bolsa de plástico. La saqué con extremo cuidado y la desplegué sobre la mesa, debajo de una bombilla que me permitía escudriñar con sumo detalle el tejido y las manchas de sangre que hallé en el bosque, gracias a un truco que leí en una de las aventuras de Sherlock Holmes. 

El manual decía los componentes sanguíneos de diversas criaturas, pero no era eso lo que buscaba. Había comenzado a analizar la sangre, y no coincidía con la de Diana. Uno de los componentes era sulfato de  aminotranseminasa, una sustancia que no es compatible con el riego sanguíneo humano. Seguí leyendo hasta que di con lo que buscaba. En las apariciones corpóreas de entes que se encuentran en un plano diferente al nuestro, si se trata de una manifestación negativa -de rencor o venganza- se libera sangre impregnada de este sulfato. A Diana le había estallado la bomba justo cuando yo la perseguía por el bosque, y lo que le salió al acecho sin duda se la había llevado consigo.

Anoto estas conclusiones en mi libreta de paperchase, para tenerlas en cuenta más adelante. El funcionamiento de la razón humana es cíclico, y ha de ir avanzando en círculos para poder avanzar realmente. Las deducciones del pasado han de revisitarse a menudo, para acoplar a ellas los nuevos descubrimientos, y así ir construyendo la investigación. No es prematuro avanzar ya que el trabajo de un investigador privado es todo un arte y por tanto, imita de igual forma a la vida. No sabemos todavía en qué punto del círculo nos encontramos, ni lo sabremos hasta que volvamos a vernos encerrados en la misma situación. En ocasiones no nos queda más remedio que lanzar los brazos a los demás desde otros hemisferios, a veces separados por océanos de tiempo.

La amenaza fantasma

La amenaza fantasma

Lunes, 16 de enero

Durante la tarde vino a buscarme X. Hablamos por la mañana, justo cuando yo emulaba a Sherlock Holmes en mi apartamento realizando un experimento con ácido carbónico, para conseguir pigmentar pequeñas cantidades de sangre imperceptibles al estar diluidas en agua. Habíamos quedado en acercarnos a merodear por la zona donde vi a Diana por última vez, dónde sabíamos que había desaparecido de algún modo, convencidos de encontrar el portal que conducía al lugar donde se hallaba en estos momentos, y desde donde nos había pedido ayuda a través de su fantasmagórica presencia usando la tabla ouija como medio de transmisión.  

Era imposible que Diana estuviera muerta. Los fantasmas de La Zona que la mantenían aprisionada se encargaban de que, aparentemente, creyéramos que se había evaporado para siempre. X aparcó en el arcén de la carretera, saltamos la valla y bajamos hacia el bosque que en apariencia se presentaba algo diferente respecto la noche anterior. X también tenía un intercomunicador fluorescente en uno de sus bolsillos. Él es el experto en casos paranormales así que era natural. Me pregunto con qué fantasmas se comunicaría a través de aquél curioso aparato.  

Seguimos un sendero estrecho por donde yo recordaba haber visto correr a Diana. Encendí mi linterna al adentrarnos en la frondosidad del campo, ya que los árboles opacaban la luz natural de la luna llena. X llevaba un buen rato en silencio, cosa que me pareció extraña. “¿Has podido ver algo que te llame la atención?”, pregunté en voz baja. “De momento no veo nada. Pero siento una fuerza, hay algo en este bosque. No sé si deberíamos continuar”. ¿Por qué me diría eso? Precisamente había sido él quién había insistido en inspeccionar la zona. ¿Dar ahora marcha atrás? De eso nada.  

Fue entonces cuando me fijé en un extraño bulto en el suelo, unos metros delante de mí. La cazadora verde de Diana se encontraba arremolinada detrás de unas hierbas, hecha un guiñapo y absolutamente llena de barro. Me apresuré a recogerla y saqué de mi bolsillo una muestra del experimento que había desarrollado en mi casa aquella mañana. Llevaba el líquido en un pequeño frasco pulverizador, que apliqué por toda la chaqueta. Efectivamente, los restos de sangre coagulada, imperceptible al estar mezclada con el barro y la lluvia, se tornaron de color amarillo al contacto con el líquido. Ahora solo nos faltaba saber si aquella sangre pertenecía a Diana o a otra persona.

Una aparición fantasmagórica puede ser de diferentes índoles, dependiendo de si el aparecido proviene de la luz o de las tinieblas, de si lo que le retiene en este mundo es el amor o el odio. En ocasiones, el fantasma no tiene porqué presentarse con la totalidad de su cuerpo, pudiendo hacerlo tan sólo con fragmentos de éste: las manos, el rostro... La cara que nos observaba junto aquél árbol pertenecía a una niña. Yo la vi antes que X. El rostro de una niña de largos cabellos, flotaba en el aire y nos observaba con seriedad.  
 

“Diana es nuestra” dijo con voz angelical. “Si se os ocurre pedir ayuda para que la devolvamos a vuestro mundo, os castigaremos”. Tragué saliva. Realmente nos encontramos ante un asunto feo en el que fuerzas que se escapan a la lógica humana maquinan en contra de nosotros. El rostro se esfumó con una sonrisa y nosotros también,  pero con el pelo erizado y con expresión de angustia. No estoy acostumbrado a que me amenacen de ese modo. X tampoco.

 Un dato más que añadir en el caso de la niña desaparecida. Evidentemente la conexión entre Diana y la pequeña Seveline es clara. No me gustaría volver a tener pesadillas recurrentes sobre este tema como la de la noche del cinco de diciembre, ni tener que adentrarme en este mundo de maníacos sectarios, ni enfrentarme a fantasmas o seres que no se comportan con el perfil del delincuente habitual. No quiero por favor, no no....                                                                                                                                                                 
                                                                                

El Punk no ha muerto

El Punk no ha muerto

Viernes, 13 de enero

Hace unos días que no consigo mantener una disciplina seria de trabajo. Las cartas se han acumulado en mi buzón, que traga a diario correspondencia sin remitente. La ciudad parece más solitaria este fin de semana, quizás la gente no se atreva a salir por temor a gastar, resentidos los bolsillos de los excesos navideños. Para un detective no puede existir cuesta de enero, y menos en lo que a cuestiones de dinero se refiere. Así pues ahí estaba yo el viernes por la noche, en los solitarios bares de Barcelona, bebiendo alcohol y manteniendo un diálogo interior. 

Estuve a punto de llamar a alguna de mis flores de invernadero, pero  preferí mostrarme solo en el escaparate nocturno de la metrópolis esperanzado con la idea de que me toparía con la pieza perfecta. La camarera del antro donde me había metido llevaba una camiseta negra, medio rota, con la portada de un disco de Parálisis Permanente en la parte de delante. Declaración de principios sin duda, en estos días la actitud cuenta más de lo que muchos se creen.

Si por algo me hice detective, es por la maravillosa capacidad de introspección que poseo desde niño. Esta virtud me permite ser analítico con las situaciones, y diseccionarlas hasta encontrar la raíz del misterio  o alguna pista que pueda reconducir mi búsqueda. Introspectivo estaba yo esa noche, y alguien vino a distraerme de mi ensimismamiento. La camiseta de Parálisis me preguntaba si quería otra copa. Me sirvió otro whisky con hielo y añadió: “ésta invita la casa”.  

No me despegué de la barra, y siguiendo mi olfato, permanecí allí hasta que estuvieron a punto de cerrar, a las cuatro menos cuarto de la madrugada. Convenía ser cauto y no ahuyentar a mi posible ligue con poses innecesarias o verborrea excesiva. A mí también me iba el movimiento punk y el ir contra todo lo establecido, así que se lo hice entrever, para marcharnos juntos a matar cualquier pensamiento racional y centrarnos en lo que verdaderamente importa.

Prefería que lo hiciéramos en su casa en lugar de la mía, por proximidad y porque tenía todo tipo de juguetes sexuales que me pidió que usáramos. Siempre han despertado cierta curiosidad en mí la utilización de esos objetos, y esa noche hice un curso avanzado, impregnando su cuerpo de cremas, lubricantes y otros afrodisíacos que ella tenía escondidos en la mesita de noche.   

Tras la sesión de sexo me duché en su lavabo de decoración kitsch y compartimos un cigarrillo aliñado, como sello indiscutible de un episodio sublime de nuestra educación sentimental. Hemos quedado en volvernos a ver, me ha dejado unos cd’s de música post-punk  y ahora voy a ponerme a escuchar uno de ellos. Música para evadirme de mi trabajo. Sexo para seguir investigando.

Cosas de detectives

Cosas de detectives

Jueves, 12 de enero

Sherlock Holmes compartía piso con el Doctor Watson en un apartamento de Baker Street, una vez cruzada Marylebone Road, justo al lado de la salida oeste de Regent’s Park. Esto no es Londres ni yo comparto piso con nadie, pero muchas veces pienso en las aventuras de uno de mis detectives preferidos y establezco paralelismos en la interesante forma de deducir y descubrir pistas que tenían él y su avispado compañero, héroes literarios de mi niñez y modelos ejemplares para cualquier investigador.  

Todos los días hay alguna mujer que llama. Me pongo en la piel de Sherlock Holmes, y me acuerdo de la forma que tenía él de tratar a las damas. Evitaba el compromiso con distinción, y cuando la intensidad de sus aventuras aflojaban y le permitían llevar a cabo algún escarceo amoroso, siempre era con mujeres que poseían alguna enorme virtud. Vuelvo a leer algunos fragmentos de sus aventuras que tenía olvidados, y destapo de algún modo cierta intencionalidad oculta en la narrativa de Sir Arthur Conan Doyle que no había percibido en mis primeros paseos por Estudio en Escarlata o El signo de los cuatro. 

Cualquier buen detective seductor sabe extraer lo mejor de cada uno de sus ligues, desaparecer de escena como un verdadero Houdini y dejarlas después con la sensación de creerse auténticas diosas. La virtud de las mujeres es la mayor invención de los hombres, ya lo decía Oscar Wilde.  

Como os explicaba antes, todos los días hay alguna mujer que llama. No sé si será por el estrés de los acontecimientos recientes o porque estoy perdiendo la capacidad de interesarme por la gente que hay a mi alrededor, pero no soy capaz de ver más de dos veces seguidas a ninguna de mis talentosas admiradoras que pican a mi puerta a diario, cargadas de las más diversas propuestas: fiestas nocturnas, fines de semana en lugares exóticos, visitas culturales, conciertos... Si ya estuvisteis entre mis brazos alguna vez, la continuación se hace muy poco probable. Aunque todas oléis muy bien.

La aparente normalidad de los últimos dos días no es más que el preludio de algún nuevo ataque de las fuerzas negativas que controlan el mundo de las sombras. He montado un pequeño laboratorio en mi casa, y en él me recreo realizando experimentos que puedan serme útiles en mis investigaciones. Conocer los compuestos químicos y las leyes de la física, haber navegado por las memorias de Arthur Conan Doyle y otras grandes obras decimonónicas, encontrarle el punto a los estados alterados de la conciencia y soñar cada día, esas son, para mí, las claves imprescindibles que ha de poseer cualquier investigador. Voilà. 

Señales

Señales

Martes, 9 de enero

Ya expliqué mi encuentro nocturno con Raquel, un ser de la noche como yo al que hemos dejado dormir en el regazo de las sombras hasta el momento. Ayer me llamó para que le hiciera una visita, y porque tenía la necesidad de contarme algo íntimo y no se sentía con el suficiente valor como para comunicárselo a nadie más. Raquel está completamente convencida  de que hay un fantasma en su casa, en su piso de la calle Joaquim Costa. Y tenía pruebas para demostrarlo.  

Sobre la mesa del comedor tenía una tabla ouija tallada de madera. Me quedé asombrado al verla, y me dijo: “Esta mierda es de mi exnovio. Estaba obsesionado con todo este tema y algunos días la hacía servir cuando sabía que yo no iba a venir a casa”. Nunca me había hablado de sus ex –me parecía raro ya que todas lo hacen-, pero se veía ahora en una situación comprometida, y la única persona que ella conocía a la que podía pedir ayuda en algo así era yo, Jacques Clochard.

“Bueno y... ¿estás segura de que se ha quedado algún espíritu en tu casa?”, pregunté. “¿Qué si estoy segura? Por Dios Jaques estoy jodidamente segura. Mira esto”. Se dirigió a la puerta de la cocina que estaba cerrada. De repente dijo “Hola soy Raquel, la habitante de esta casa. ¿Estás por aquí? Si es así abre la puerta de la cocina”. Las bisagras andaban algo faltas de lubricante, y emitieron un sonoro nyiiiiiiieeeeeeeeekk cuando la puerta se abrió lentamente, de forma automática.  

“Por las noches no para de joder”. Desde luego –pensé- es mucho peor que el sonido de las gotas que caen en el salpicadero cuando la tubería anda algo floja-. “Y lo peor no es eso. Quizás quiera algo de mí, mi alma o alguna mierda así”. Llamé a X rápidamente y se presentó en el piso de Raquel al cabo de quince minutos. Ya sabéis que X es, además de profesor de la Universidad de Filosofía, investigador experto en casos paranormales. “Me hago cargo de la situación” dijo X. Puso sus manos sobre el tablero ouija y cerró los ojos en señal de concentración.

Ha sido impactante ver a X pasar por ese trance. Cuando ha abierto de nuevo los ojos, los tenía absolutamente de color blanco, como un poseso de Sam Raimi. Su voz sonaba de ultratumba. “Manifiéstate. Dinos quién eres”. El indicador de madera ha adquirido vida por sí mismo y ha señalado: D-I-A-N-A. No sé si habrán notado como palidecía mi rostro. Raquel estaba tan alucinada como yo viendo a X hacer su trabajo, y X estaba completamente poseído por el tablero. No he podido quedarme callado. “¡Diana! ¿Dónde te encuentras? ¿Estás bien?” El tablero ha marcado: A-Y-U-D-A.   

En ese momento X ha regresado de su trance, sus ojos han vuelto a ser normales y ha apartado las manos de la tabla como si le quemaran. Ambos nos hemos quedado callados un segundo, como intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. X se ha llevado la tabla y Raquel se ha quedado más tranquila. No se presencian todos los días sesiones de espiritismo en el comedor de la casa de uno, y le he dicho que volveríamos al día siguiente para ver si todo había pasado. La verdadera finalidad de ese fantasma era sin duda comunicarse con nosotros y ya lo ha hecho, así que no creo que vuelva a dar más problemas, por lo menos en un tiempo.

Cuando caminamos hacia la Luz, cada día que pasa estamos más iluminados. Lo difícil es saber si la dirección que tomamos es la más apropiada para llegar a ella, y si la claridad que recibimos es realmente de la auténtica Luz que anhelamos. Nos encontramos en un momento fructífero para las investigaciones, ya que tendemos a matar constantemente a nuestro yo de manera inevitable para reformularnos de nuevo y continuar siendo alguien... o por lo menos algo.

Os mantendré I-N-F-O-R-M-A-D-O-S.

Primeras imágenes de Inland Empire!!!! La nueva peli de David Lynch.

Maniobras de control

Maniobras de control

Domingo, 8 de enero

El amor es el más grande de todos los misterios. Prueba de ello es que no paran de llegarme casos en los que hombres y mujeres me piden que espíe  a sus parejas, ya que sospechan infidelidades, traiciones o entresijos de otra índole. Me alivia pensar que trabajo no me va a faltar nunca, aunque en épocas como esta me gustaría ir algo menos ajetreado y dedicarle más tiempo a asuntos que me conciernen directamente, como descubrir el paradero de Diana o exponerle a X mis problemas existenciales, ya que últimamente no paran de aflorar interrogantes como si mi cabeza se encontrara en un terreno fértil para las dudas y segundas revisiones.  

El caso de la señora Del Valle es muy curioso. Ella ha dejado a su marido por un hombre de mejor posición social y económica (algo habitual en mujeres de poco probada capacidad intelectual, pero no iba a ser yo quien se lo iba a decir). Hasta aquí todo parece normal, pero lo que hace que este caso sea diferente a los demás es que la mujer me ha pedido que espíe a su anterior pareja, pues no quiere desvincularse de él completamente y necesita saber qué es de su vida –cuáles son sus nuevas conquistas, en qué círculos se relaciona, cuáles son sus logros laborales, etc.- Eso es lo que yo llamo una mente retorcida, víctima de las circunstancias, una mujer fatal de las de verdad.

He seguido pues a la antigua pareja de la señora Del Valle tal y como me ha pedido, creyendo que se trataría de un pobre diablo. Nada más lejos de mis hipótesis, me he encontrado con un tipo interesantísimo y que me daría mucho de qué hablar en mi diario, pero no lo haré por mantener cierto secreto profesional  en la investigación. Tan solo diré que la señora Del Valle ha puesto una cara de circunstancias al saber las bacanales que se monta su ex en el piso que compraron entre los dos, y el interés que han depositado en él una importante editorial especializada en guías de viaje. El ex de la señora Del Valle lleva pues un tren de vida envidiable, pues no para de viajar y de practicar sexo con gente interesante.  

No sé muy bien cuáles serán las intenciones de la señora Del Valle respecto su ex-pareja, ni qué piensa hacer con la información que le he proporcionado. Ella ha pagado mis servicios y se ha esfumado sin decir nada más. Sin duda en nuestros días somos víctimas de una desazón que no nos permite tener linealidad en nuestras relaciones. Reflexionando sobre este tema, extraigo conclusiones como la de la serialidad: tenemos relaciones sentimentales que se resuelven de forma serial, por capítulos, y no en un larguísimo plano secuencia que dure hasta el fin de nuestros días. El amor no se comporta de ese modo, por lo menos no ahora mismo.

Mientras muchos viven el siguiente capítulo, otros se quedan estancados en crisis de creación amorosa que no les permiten ser del todo felices. Aplicándome todo este cuento a mí mismo pienso el modo en el que se cerraron mis antiguas relaciones. Todas ellas acabaron por todo lo alto, dejando a la audiencia en vilo y con ganas de saber más. El misterio del amor va como va.

Al mal tiempo, buena máscara

Al mal tiempo, buena máscara

Viernes, 6 de enero

  Hace dos noches que no pego ojo. Los días son lluviosos y no he salido demasiado de casa. Esto hace que no pare de darle vueltas no sólo al caso, sino también a cuestiones no resueltas en mi vida. No sé quién decía que un pesimista era alguien que pensaba que las cosas no le podían ir peor y un optimista alguien que creía que lo malo siempre podía ponerse todavía más feo. Ahora mismo no sé en qué lado de la línea me encuentro, pero sin duda la vida de este detective conoció tiempos mejores.  

En lugar de ir yo, ha venido a verme X. Le comenté por teléfono que no me encontraba demasiado rumbero para ir hasta Poble Nou, y mucho menos con las sospechas de que hay alguien que me persigue todavía sin saber muy bien con qué fines. Me sorprende X cada día más, no sabía que además de ser investigador daba clases en la Universidad de Filosofía. Le he pedido que me recomiende algún libro que eleve mi estado de conciencia, y me ha dicho que “eso no depende del que genera el discurso, sino de quien indaga a través de él”.

  La teoría de X, experto en casos paranomarles, es la siguiente: "Diana ha sido abducida por algún grupo cabalístico y sus acciones no corresponden a su yo real, sino al lavado de cerebro al cuál ha sido sometida". No es la primera vez que X se encuentra ante un caso parecido, y dice que una vez en el interior de la Cábala, es muy difícil recuperar a la víctima que no solo asesinará, sino que estará dispuesta ha realizar cualquier acto para servir a su “gurú” , también conocido como “mensajero”.  Así pues no volveremos a dar con ella hasta que encontremos al “mensajero” de esta organización y sepamos con qué entidad maligna ha establecido sus vínculos.  

Mientras escucho todo esto siento un ligero mareo. Creo que me estoy implicando emocionalmente demasiado en este caso, y se me juntan los problemas de mi vida privada con los del trabajo. X no para de hablar y de decir cosas terribles, entre ellas la consideración de inspeccionar el bosque donde vi a Diana por última vez. Puede que encontremos algún portal en ese perímetro. No se explica entonces de otro modo su desaparición en medio de la oscuridad. Ahora mismo no me apetece nada volver a ese lugar y me da un poco de miedo lo que me pueda encontrar. Es increíble como uno pierde el valor cuando pasan demasiados días sintiéndose como el Llanero Solitario. “Pero, ¿qué te pasa?” me pregunta X. Se lo explico y me da un abrazo. Algo es algo.

  De nuevo me quedo solo en casa. La lluvia que no para de caer es definitivamente la comparsa al tedio que siento en estos momentos. Abro un comic-book que hace días que tengo ganas de leer, V de Vendetta. Una realidad alternativa en la que el fascismo es el poder imperante y su protagonista es un justiciero enmascarado, que tiene un plan estratégicamente diseñado para vengarse de aquellos que lo mantuvieron preso en un campo de concentración. La historia es realmente inspiradora y cuando la lluvia cese quizás yo también piense con mayor frialdad y claridad. Como los que me mantienen encerrado, en esta tarde gris. 

Mi instinto asesino personal

Mi instinto asesino personal

Jueves, 5 de enero

 Tras los sucesos de ayer no me apetece establecer demasiados enlaces con el mundo exterior. Me he  pasado todo el día en el estudio de la calle Encarnació; no sé cuántas películas de detectives he visto hoy, pero sin duda me quedo con Cowboy Bebop como la panacea de la escena detectivesca de Shinichiro Watanabe. Curioso nombre.  

Enfrentarse a un cadáver como texto que encierra los signos de su propia muerte no es una tarea fácil. A lo largo de mi carrera profesional me he encontrado con auténticos especialistas, forenses y criminólogos capaces de dar con pistas absolutamente imprescindibles para resolver casos de asesinato. A lo que me enfrento ahora no es exactamente lo mismo. Yo presencié el momento en el que Diana apretó el gatillo y el cuerpo de la chica, ahora sin un ápice del destello rubio de sus cabellos, espera en la mortaja a recibir sepultura sin que su cadáver pueda darnos ningún dato del misterio que encierra su muerte. La única pista relevante es que el forense ha detectado restos de cocaína en su organismo. 

A través de la oscuridad del estudio le doy vueltas a todas estas variables. Todavía no me he puesto en contacto con X, ahora se me hace inminente mi encuentro con él ya que el giro que ha adquirido el caso es demasiado enrevesado como para que yo solo pueda sacar conclusiones claras. Recuerdo melancólicamente mis primeros encuentros con Diana. Jamás pude ver en ella una chica alegre.

 Ha ocurrido algo curioso hacia la una de la madrugada, cuando entraba en casa. He dejado el coche en el parking y he tenido la sensación de que alguien me seguía. Me he girado en varias ocasiones, pero no he visto nada. He entrado en el edificio sin encender la luz y me he quedado pegado a la pared, observando desde la oscuridad la calle iluminada por la luz tenue de la farola. Efectivamente, un amigo misterioso ha aparecido a los cinco minutos, un hombre vestido completamente de negro al que me ha sido imposible reconocer. Se ha acercado a la puerta y ha empezado a hurgar en la cerradura con algún tipo de ganzúa.  

Me he alarmado enormemente y he sacado mi Colt del 55, dispuesto a dispararle en una pierna en cuanto abriera la puerta. Desafortunadamente mi perseguidor a desistido de su empeño. Quizás alarmado por ser descubierto por algún vecino, ha cesado de forzar la cerradura y se ha largado. En estos momentos, desde la ventana de mi apartamento completamente a oscuras, observo la calle intentando rastrear algún indicio de alguien que quizás pueda estar acechándome en las sombras. Me he fijado que hay un coche gris aparcado desde hace unas horas. Una mujer joven, morena, fuma compulsivamente en el interior. En el asiento del copiloto hay un tipo algo mayor que se muerde las uñas. Me da la sensación de que hablan de algo turbio cuando les observo con los prismáticos.  

Si intentan algo les mato.

Proyecto beso

Proyecto beso

Miércoles, 4 de enero

  He de precipitarme a escribir lo que me ha ocurrido, porque no quiero que se me olvide ningún detalle cuando me levante por la mañana, o que mi alteración mental me haga creer que todo ha sido un sueño. Lo que ahora relataré ha sido una experiencia muy real y lo que he presenciado esta noche ha sido uno de los acontecimientos más extraños y alucinantes a los que me he enfrentado en toda mi carrera de investigador.  

Una de las bases sobre las que se construye toda buena investigación es la paciencia. Me he pasado toda la tarde de incógnito esperando en mi coche, en la puerta del bloque de pisos donde vive Diana. Tengo una copia de las llaves de su apartamento, pero sabía que ella estaba en casa y lo que yo buscaba no está oculto entre las paredes de su estudio. Todavía guardo alguna pequeña muestra de la hierba índica que me traje de Ámsterdam y  ha servido para amenizar mi espera.

  Sobre la una menos cuarto de la madrugada un BMW gris se ha parado en la puerta de su casa. Con los prismáticos he visto que la persona que lo conducía era una chica joven, posiblemente no llegara a los treinta. Pelo rubio y largo, ojos azules. De nuevo tenía delante otro canon de belleza caucásica. Diana ha aparecido y se ha montado en el coche. Ambas se han saludado empáticamente, como si fueran viejas amigas. Las he seguido hasta las inmediaciones de la ciudad. Algo en mi interior me decía que se dirigían de nuevo al lugar donde encontraron la última pista de la niña desaparecida.  

Han parado el coche en un lado de la carretera que conduce al puente. Yo me he quedado atrás, a una distancia prudencial desde donde podía observar sin ser visto. Una farola cercana iluminaba tenuemente la escena en el interior del BMW. Diana y la chica desconocida  han empezado ha hablar. La joven ha sacado de su bolso un sobre y lo ha abierto, enseñándole el interior  a Diana. Esto ha causado una reacción insospechada en ella, se ha quedado seria y sin habla. De pronto, ambas se han mirado fijamente y han comenzado a besarse en la boca apasionadamente. Diana ha hecho un ademán de apartarse, pero la joven ha insistido y finalmente ninguna de las dos parecía con ganas de poner resistencia a unos besos largos, profundos. Parecían bastante cómodas pegándose el lote. He bajado del coche y me he acercado al de ellas sigilosamente, con mi cámara de fotos.

  Estaba tan estupefacto fotografiando aquellos dos cuerpos contorsionándose en el interior del coche, que no me di cuenta de la estratagema. Diana introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta larga y sacó un arma. El disparo en el estómago a la belleza del norte arrojó un reguero de sangre encima del cristal y el volante. Me agaché detrás del BMW tanto como pude para no ser descubierto. Diana salió del coche como una exhalación dejando la puerta abierta, y corrió como perseguida por una horda de demonios, internándose en el oscuro bosque. 

He perseguido a Diana a través de la noche, pero no he logrado seguirle los pasos. De repente ha sido como si desapareciese en medio de la oscuridad. De vuelta al BMW abandonado en el arcén con el cadáver de una rubia en el asiento del piloto, me he dado cuenta de que el sobre había desaparecido. He intentado hurgar en los bolsillos  de la joven, en busca de algún dato útil, pero todo estaba cubierto de sangre y no me conviene dejar ningún rastro de mi presencia en la escena del crimen. He de ver al forense mañana por la mañana.

Una vida se ha ido delante de mis narices en el transcurso de esta noche. Diana se encuentra completamente absente. Este caso empieza a estar demasiado manchado de sangre.

Una semana en el distrito de la Luz Roja

Una semana en el distrito de la Luz Roja

Martes 3 de enero

 Llegué ayer de Ámsterdam. Desde mi adolescencia no había pisado esa ciudad-burbuja y no recordaba las maravillosas posibilidades que ofrecía a cualquiera que tenga ganas de experimentar nuevas sensaciones. Las calles de casas victorianas apiñadas, de escalinatas retorcidas, el romanticismo de los canales, la vanguardia musical, la agitación sexual y las drogas han sido alguno de los ingredientes de un cóctel molotov que ha ido explosionando paulatinamente a lo largo de cinco días de auténtico delirio orgiástico, en los que he adquirido una experiencia valiosísima que sin duda pondré en práctica en mis futuras aventuras de detective seductor.

Estaba bien claro que no podía estar en ningún otro lugar más que en Ámsterdam durante la noche de fin de año. El día 31 me levanté con una sensación un tanto delirante, me sentía nervioso y con algo de ansiedad al pensar en los acontecimientos del glorioso 2005 y que cerraría esa noche con un broche impregnado de olor a Marihuana. Los recuerdos hacen al hombre un poco miserable, así que me puse en plan progresivo y pensé hacia delante. Para todo hay solución. Para Diana, para Lulú, para X... a todos ellos dirigía mis pensamientos en los oscuros rincones de los coffee-shops donde no paraba de encontrarme gente rara. Yo era también uno de ellos.

 A media noche el gentío enloqueció todavía más si cabe, y los fuegos artificiales tomaron la ciudad en un asedio constante de luz, color y explosiones. Toda Ámsterdam retumbó en una especie de parade de media noche, la música sonaba en todas las calles provinente de los locales, la gente bailaba y saltaba, se enrollaban canutos de hierba por un lado y lanzaban petardos por el otro, los hombres se besaban en la boca, las mujeres se tocaban el culo y sonreían a todo el mundo,  y yo tenía la sensación de estar en la calle pero realmente me encontraba en una dimensión paralela en la que todo el mundo se había propuesto pasarlo bien.  

El grupo de gente con el que me hallaba se encontraron rápidamente bajo la influencia de sustancias químicas, muy activas. Nos metimos en un local dónde pinchaba una chica preciosa, de anuncio. La música era envolvente y rítmica, bailamos a su alrededor y yo admire su buen gusto escogiendo los discos. Aparté mi vista de ella un segundo antes de enamorarme y continué fumando del arsenal que nos aprovisionaba. Exquisita selección de índicas que producían en mi un efecto esclarecedor y me hacían permanecer muy despierto y con una aguzada sensibilidad que pensaba por sí misma y no paraba de decirme: “estoy abierta a todo”, “estoy abierta a todo”. 

 Propulsado por este efecto me encontré encerrado en el lavabo con Anne, una mujer holandesa con la que comencé hablando en francés, cambiamos al inglés y a la que entendí en perfecto holandés que era el momento de un intercambio cultural profundo. Anne me transportó literalmente a un campo de tulipanes, y ahora tengo un sueño recurrente en el que abro los ojos y me encuentro con la belleza nórdica de su rostro. ¿Querrá decir eso que hubiera podido enamorarme de ella? Creo que jamás lo descubriré, ni en diez años de investigación.  
 

Fuera de la burbuja y de vuelta a la realidad cotidiana me doy cuenta de que, a nivel perceptivo, ciertas cosas han cambiado con la entrada del 2006. Seguramente será un año repleto de sorpresas y que sin duda ha comenzado fabulosamente. Los silencios acostumbrados se vuelven más volubles y parecen desaparecer. Lo que realmente importa sale un poco más a la superficie y el amor, el anhelado y utópico amor, nos vigila amenazante maquinando en las sombras, no vaya a ser que lo descubramos y mande al traste todos nuestros planes.    

Misterio en Amsterdam

Misterio en Amsterdam

 

Amigos de La Escalera, me marcho a Holanda tras la pista de Seveline. Mi contacto de Poble Nou tiene toda la información relevante al misterio de la muerte de Chet Baker. Os deseo una buena entrada de año y nos vemos de nuevo en breve...

Domingo 25 de diciembre

  Yo ya sabía que me iba a ocurrir algo así. Estuve aporreando la guitarra eléctrica con Albert, Olivia y Nelete. La sesión estuvo bien, tocaron Psycho Killer de los Talking Heads, una canción que va que ni pintada durante estos días de tedio en los que dejamos que la familia nos haga ser todavía más malas personas. Me gusta las nuevas composiciones de la banda, el tema “Call it drug” tiene madera de hit, estoy convencido de ello. Me gustaría llevar a Zlaya Hadzic alguna maqueta del grupo a Ámsterdam y plantearle el hecho de meterlo todo “In the Fishtank”. Ya veremos que pasa, porque de momento no me remonto de la faringitis, es más, la cosa ha ido a peor. Por lo menos Mogwai ha sacado un disco nuevo, se llama “Mr. Beast” y lo editarán en enero. Mientras tanto me lo voy descargando de la red, a la vez que descubro otros grupos de herencia directa de estos mamones de Glasgow. Los “Papa M” hacen un sonido metafísico, sin duda entroncado en la geografía del post-rock. “Part Chimp” son unos colgados de Londres, que según los  Mogwai son la única banda decente de la ciudad. Evidentemente se equivocan, pero claro, uno de los componentes de Mogwai ha sido el que ha producido el disco y no va a hablar mal de ellos. De todos modos estoy seguro que suenan de forma poderosa e incluso apocalíptica. Ya veremos.

 

 

 

 

 

 

Soon Over Babaluma, un disco imprescindible para realizar viajes astrales.

Doble o nada

Doble o nada

Sábado, 24 de diciembre

 

Se podría decir que el momento del año más patético para todo occidental transcurre durante el día de Navidad. En Europa el sentimiento lacrimógeno se encuentra fuertemente arraigado a estas fechas en las que todo el mundo se vuelve subnormal. En mi estudio no dejo que entre la Navidad bajo ningún concepto, todo lo que aquí trato es demasiado turbio como para impregnarlo de cualquier ápice de pureza o sentimiento de condescendencia. Detesto que existan este tipo de fiestas en las que se me multiplica el trabajo y tengo que aguantar la felicidad de los demás en forma de placebo mal diseñado.  

He recibido felicitaciones y deseos de un buen comienzo de año por parte de algunos conocidos y antiguos compañeros de investigación, pero ni rastro de una nota, un mensaje o una breve transmisión de alguno de los fantasmas de La Zona. Me desconcierta este silencio tan mal llevado, a pesar de lo que diga mi psicóloga y mi amigo X, hay algo realmente siniestro en este mutismo y mi naturaleza de investigador me obliga a moverme hasta dar con una respuesta a esta situación.

  Diana no ha podido aguantar mi mal humor en un día como el de hoy y se ha largado, a pesar de no encontrarse del todo bien y con las sospechas de que no le aguarda nada demasiado agradable a partir de ahora. Sé que volverá a ir al puente y hará muchas más fotos. No le va a servir de nada, pero tampoco quiero alarmarla. No hasta que haya hablado de todo esto con X y tenga una solución un poco más clara para sacarla de este pozo. Se ha marchado con la cara pálida, no me ha dicho que pase un buen día de Navidad. Ni siquiera ha dicho adiós.  

Esta noche tengo de nuevo una cita con una desconocida. Voy a acudir a ella sin pastillas, sin nada en la maleta que pueda distorsionar nuestro encuentro. Y sobre todo: no voy a pensar en nada. No voy a darle vueltas al caso mientras esté con ella, no voy a hablar de ninguna de mis investigaciones con ella, no le voy a decir cuál es mi nombre real. Aparentaré ser otra persona, sé que puedo hacerlo porque es algo que ya he puesto en práctica con anterioridad. Espero que ella haga lo mismo.

El sabor de

El sabor de

Viernes, 23 de diciembre

 

No me había dado cuenta de que tenía un mensaje en el teléfono móvil. Yo le llamo X, pero evidentemente tiene nombre y apellidos, aunque yo los desconozco. X es mi contacto en el distrito de Poble Nou. Él está al corriente de todo lo que acontece en esa zona relacionado con fantasmas y manifestaciones paranormales. Las historias que cuenta dan mucho miedo. Tomamos una cerveza juntos hará cosa de una semana. No lo escribí en mi diario entonces, por entender que algunos de los temas que me traigo entre manos son más susceptibles de comentar que otros, y porque lo que me explicó de verdad que erizaba los pelos al más valiente.  

La existencia de sectas y agrupaciones cabalísticas que practican ritos extraños está completamente constatada en la ciudad de Barcelona. X trabaja ahora en un caso de asesinato. Su cliente tiene la convicción de que su hermano de 43 años murió a manos de unos brujos, debido a una maldición que contrajo al comer carne humana, que le fue ofrecida por un grupo de adoradores del diablo. Al ingerir la comida que ellos te ofrecen quedas “endeudado” y si no cometes un acto sangriento como ofrenda a Satanás, tu alma contrae inevitablemente una maldición que te conduce a la muerte.

Todo suena un poco extraño e incluso increíble, pero quería escuchar lo que X tenía que decirme porque me sentía preocupado por Diana. No sé muy bien dónde anda metida, me colé en su apartamento ayer por la noche y descubrí algunos libros en latín que sin duda hablan de espiritismo y brujería. Desde hace dos semanas ella no me llama ni yo tampoco a ella. Es como si los dos esperásemos el movimiento del otro para reaccionar, pero a veces tengo la sensación de que ella ya no se acuerda de mí en ningún momento ni en ningún lugar.  

Después de escuchar los consejos de X, cogí el coche y volví a mi estudio. No había tenido ninguna cita a ciegas desde hacía algún tiempo. Últimamente sólo me dejaba cuidar por Lulú. Picaron a la puerta pasada la media noche. Desde la ventana vi la silueta de Diana apoyada en la pared junto al interfono. “¿Diana?”. “Por favor Jacques abre. Tengo un problema”. Cuando la tuve delante en el comedor pude darme cuenta de la expresión de angustia en sus ojos, de la palidez de su piel. “Llevas dos semanas sin decir nada y ahora apareces así” (no pude decir otra cosa). “Jacques estoy metida en un asunto muy, muy feo. Tiene relación con la niña”. Me asusté al ver lo asustada que estaba ella.

  Diana hizo un breve resumen de lo que había estado haciendo en las últimas dos semanas. Había vuelto al puente. Encontró una familia cerca de allí, que estaban realizando un picnic y la invitaron a tomar algo. Con su cámara digital realizó algunas fotos, y al pasar los días había ocurrido algo muy extraño. Ella aparecía sola en las instantáneas, a pesar de que se había fotografiado con el matrimonio y los dos niños gemelos que estaban allí comiendo. Incluso se había hecho una foto con un perro que tenían y ya no estaba allí. Me lo mostró con temor a que yo no le creyera, lo sé, pero en esa ocasión no mentía. No sobre una cosa así.  

Ahora mismo duerme, está en mi habitación. Temo que haya entrado en contacto con alguno de los grupos que investiga X, y quizás ya no haya marcha atrás si ella está realmente maldita. Desde el primer momento en que la conocí, sabía que Diana guardaba para sí un interior oscuro e infecto, a pesar de que ella mostrara tan sólo caras de amabilidad. Todavía no le he contado nada de esto a X, pero sé que ahora mismo el tiempo no es un factor decisivo. Sin duda, me encuentro nadando en un mar de profundos cambios, y no sé dónde demonios me han escondido el chaleco salvavidas.