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Viva Las Vegas Hospital

Viva Las Vegas Hospital

 

Lunes, 3 de abril

 Sabía que en cualquier momento podría ocurrir, pero no me esperaba que la entrada de la primavera iba a ser así de violenta. Hace una semana, conduciendo en dirección al puente tuve un estrepitoso accidente de tráfico. Me  he pasado los últimos cinco días ingresado en el Hospital, curándome de una herida en el brazo y varios hematomas en la cabeza que me han mantenido al margen de la escritura de mi diario, y de la investigación en general. Le he preguntado al doctor si, aprovechando la contusión en la cabeza, era posible aplicarme un poco de cirugía en el rostro para conseguir unos contornos más atractivos. Me ha contestado que no.  

X ha venido a verme al hospital casi cada día, me ha hecho mucha compañía y me ha ido relatando las averiguaciones que ha ido haciendo él por su cuenta. Efectivamente Luther Blisset ha puesto en marcha de nuevo toda una red de adoradores del Movimiento Espiritista en Barcelona. X considera que mi accidente no ha sido un episodio fortuito, sino que alguna fuerza maligna ha operado desde el mundo de las sombras para intentar sacarme del medio. ¿Será verdad?

Ha sido muy curioso el reencuentro que he tenido en el hospital con Esther, una antigua compañera de la Facultad de Criminología por la cual yo suspiraba, aunque nuestra relación no trascendió mucho más del típico colegueo cordial. Tras la graduación yo le había perdido la pista, y resulta que se había metido a enfermera de traumatología en el mismo Hospital donde había ido yo a parar. He tenido una oportunidad de oro para declararme a una de las enfermeras más guapas de toda Barcelona, y seguramente la chica más caliente de todo el personal sanitario de Cataluña.  

“¿Sabías que cuando íbamos a clase de anatomía teníamos un ranking?” Me dijo Esther durante una de estas soleadas tardes primaverales. “¿Un ranking?” Pregunté yo. “¿Qué clase de ranking?”. “Pues un ranking con los cinco chicos más guapos de la clase... Bueno, no solo con los que eran guapos, sino también con los que creíamos que serían mejores amantes en la cama”. Esther me soltó todo eso en la habitación del hospital, iluminada por el sol que penetraba por la ventana y hacían relucir las sábanas blancas que me tapaban hasta la cintura. Sólo pude contestar “¿Y en qué posición estaba yo?”

Estos días han sido muy agradables con la compañía de Esther, con las charlas de X, con la lectura de varios libros de filosofía que me realzan el espíritu cuando me siento cabizbajo. Mi paso por el hospital ha sido incluso tonificante, mejor que un balneario me atrevería a decir. No me importa en absoluto haber destrozado el coche en el accidente, es la ventaja de tener un buen seguro. No ha hecho falta que Esther me revelase en qué posición del ranking me hallaba durante la clase de anatomía. Le he dejado bien claro que me merecía ese puesto.

Investigar desde la ventana para una nueva reformulación del amor

Investigar desde la ventana                                                                                 para una nueva reformulación del amor

Uno puede a veces tener los ojos vendados y no ver nada, no darse cuenta de lo que ocurre alrededor, permanecer ajeno a influjos que sin saberlo bien podrían significar un cambio inesperado y repentino en la vida. En representación de este tipo de situaciones cotidianas, me encuentro con los problemas diarios que se derivan de mis investigaciones. Si tuviera súper-poderes, seguramente agujerearía los objetos con la mirada, debido al  tiempo excesivo que me mantengo analizando las escasas pistas que descubro a través de esta ondulante marea a la que llaman realidad.

Me observan y lo sé. Intento pasar desapercibido. También lo hago para que el Mal no se fije demasiado en mí, porque creo que le gusto y me perseguiría hasta el confín de la Tierra si yo me propusiera jugar al corre-que-te-pillo con él. Diana no sabe que he conocido el Mal en su estado más puro y destructor, y que eso en cierto modo me hace ahora ser un poco más fuerte que antes. Pero es que cómo va a saber ni ella ni nadie hasta dónde llega el incendio dentro de mí. Ahora que sigo sin saber qué pasa me encuentro un poquito más cerca de la luz, y prefiero continuar en mi papel de observador y afrontar las miradas del Mal con rabia, con insolencia, con mala educación.

Oigo ruidos durante la noche. No consigo dormir ocho horas seguidas. No acabo de estar seguro de si se trata de fantasmas enfadados que han descubierto donde vivo, o si esos sonidos son tan sólo producto de mi imaginación. Cuando pienso que me están mirando, me quedo paralizado, aterrado, con un cosquilleo en la nuca que es muy desagradable. Y tan solo me queda esperar a que se haga de día.

Otto Wininger dice en su libro Sexo y carácter que el amor es un asesinato. El filósofo Ruso Slavoj Zizek se hace eco de estas palabras, y las compara con algunas de las formulaciones que Lacan hizo en su libro Los cuatro principios fundamentales del psicoanálisis: “Te quiero, pero inexplicablemente quiero en ti algo más que a ti, y por eso te mutilo”. Adentrarme en estos estados de lucidez tan absoluta me fascina y me atemoriza a partes iguales, porque le exactitud con la que encajan las piezas del rompecabezas es abrumante. Entiendo mejor la maldad de Luther Blisset y obtengo interpretaciones mucho más acertadas, mucho más jugosas.

Me siento influenciado por las conversaciones filosóficas que mantengo con X, pero también me doy cuenta de que yo tengo mi propio modo de discernir entre el bien y el mal. Quizás la propia actitud de uno sea la mejor pista para encaminarse hacia el lado menos pesado de la balanza. Sea cual sea el resultado de esta ecuación no puedo dejar de mirar hacia arriba, hacia esos ojos que continúan observándome desde la ventana. Soy el investigador investigado.

Sentir la llamada

Sentir la llamada

La noche ha transcurrido sin más pormenores que una llamada de X a las cuatro de la madrugada, para decirme que se había acercado solo a la zona del puente tras la pista de otra casa encantada. Me preocupa un poco que últimamente se haya comprometido tanto con esta investigación. Su colección de fotos de fantasmas está creciendo a un ritmo vertiginoso, y no sé si es algo bueno estar tanto tiempo en contacto con los entes del Más Allá.

Tras hablar con él, sus palabras han resonado de nuevo en mi cabeza, rebotando en la oscuridad de mi habitación de una pared a otra, como ondas que propagan un sonido agudo y chirriante, parecido al de los mosquitos. Ya casi no he dormido hasta que se ha hecho de día. Ha sido entonces cuando he salido a la calle, en medio de una soleada mañana cercana a la primavera, de esas mañanas en las que todo parece extraño, en la que todos los objetos tan solo muestran su lado amable a la luz, reservando el reverso tenebroso para otras horas más intempestivas.

He entrado en una librería cercana a mi apartamento que no había visto antes. Era una tenducha antigua, con millones de libros apilados en estanterías polvorientas y clasificados por regiones. Me he detenido a ojear La dama del perrito y otros cuentos de Chéjov, pero inevitablemente me ha cautivado la sección de Ciencia Ficción y, como no, el apartado de “Literatura Inglesa”, en el cual he encontrado una edición del año 1975 de los Cuentos Cómicos de Edgar Allan Poe.

He leído los relatos con gustosa admiración por un escritor que me había cautivado en su día y que vuelve a mi vida con renovada energía, justo cuando atravieso por una especie de noche de Halloween, repleta de terrores explícitos a los cuales ya me estoy acostumbrando. Y eso es algo que no me gusta. Es como el que ve mucha violencia por televisión y luego queda insensibilizado delante de los actos violentos de la vida real. Poe me da un nuevo punto de vista respecto al terror, así que intento hacerle más caso que nunca, seguramente en su legado escrito se esconden algunas de las claves para saber qué demonios está ocurriendo en realidad.

En plena mañana vivo un momento solemne. Vuelvo a mi casa y bajo todas las persianas para que deje de entrar el falso sol primaveral. Comienzo a trazar un plan coherente, con pies y cabeza, para atrapar a Luther Blisset con las manos en la masa justo cuando se disponga a llevar a cabo alguno de sus ritos renovados. Visitaré esta noche la casa que ha descubierto X, o quizás intentaré establecer un nuevo contacto con Seveline, o me quedaré toda la noche leyendo a Edgar Alan Poe, o….

En un mar de indecisiones son pocas las opciones, y las posibilidades, infinitas.

Mi casa es un nido de Serpientes

Mi casa es un nido de Serpientes

Alguien se ha caído rodando por las escaleras de mi casa esta mañana. Me he despertado justo cuando los golpes se introducían en mis sueños, plácidos, hermosos. Sueños influenciados por la luna llena. Me he asomado a la barandilla y efectivamente, en el rellano se encontraba un cuerpo contorsionado, con las piernas dobladas en forma de L y con un charco de sangre alrededor de la cabeza. No me puedo explicar que estaría haciendo este tipo, pero aparentemente ninguno de mis vecinos se ha percatado del accidente, todos han continuado durmiendo, seguramente disfrutando también de sueños primaverales.

Acogiéndome a  mi estilo detectivesco habitual,  en lugar de llamar a la pasma, he subido el cuerpo a mi casa, ya cadáver debido a la malograda caída. Los hombres se caen y se levantan, es una metáfora de la condición humana, hasta que se caen por las escaleras de mi casa, se parten las dos piernas y se abren la cabeza. A partir de ahí ya no hay quien se incorpore. Si yo fuera Luther Blisset me pondría las botas con un cadáver en mi nevera, pero he preferido optar por realizar una autopsia casera al estilo Jacques Clochard.

Miro en los bolsillos del muerto. Lleva algo de dinero, tarjetas sin valor alguno y un extraño medallón de plata con un grabado que no había visto nunca antes. Acudo raudo a consultar mi biblioteca, sé que dentro de la sección “RITOS” daré respuesta a mi fatídica intuición. Piensa mal y acertarás es una de las máximas de la filosofía del detective y os aseguro que falla muy pocas veces.

Por lo visto uno de los secuaces de Blisset ha venido de visita esta noche,  no sé muy bien con qué intención. Desde luego hay algo  que se fragua en el lado de las sombras, en la vertiente más oscura del infierno. X me comentó que sería imposible que pasáramos desapercibidos por un caso de este tipo, que los temas en los que se mezclan vivos y muertos nunca suelen terminar bien. Miro mi cara reflejada en el espejo del salón. En el suelo está el cuerpo sangrante del pardillo de las escaleras y me da por reír.

En medio de lo que podría describirse como una escena dantesca para algún hipotético vecino que se pasara a pedirme un poco de sal en esos momentos, me acuerdo de dos películas de Stanley Kubrick que muy bien podrían tratarse de radiografías de lo que me está pasando en estos momentos. Esos films son La Naranja Mecánica y El Resplandor. Seguro que Diana lo vería todo bajo el filtro de Lady Snowblood.  Me deshago del cuerpo siguiendo  los pasos de mi manual del buen psicópata, y preparo de nuevo otra trampa en las escaleras de mi casa. No me cabe la menor duda de que volverán esta noche, pero no me preocupa. En el mundo de la investigación saben todos que estoy a salvo de vampiros y falsificadores.

No a las jaulas

No a las jaulas

Allí estábamos como un par de lobos, apaciguados en el silencio de la oscuridad que se propagaba a través de los árboles. En aquella noche fantástica, preñada de lealtad y admiración por las vivencias del otro, por saber más de lo que había aprendido, por escuchar una gama de connotaciones sentimentales que no atendían a una forma de comprensión lógica. El razonamiento para seguir aquellas palabras no correspondía  a la consciencia, sino que era potestad de un universo visceral, insuflado del aliento de la entrega y de todo lo etéreo que lucha por entrar en una corriente llamada “fuerza de la gravedad”.

Así de inspirado me encontraba en mi apartamento, justo cuando se acababa el disco de Ladytron y hablaba con las musas a través del humo blanco y mugiente, que caía como una cascada a cámara lenta desde mis pulmones hacia la pared. Me mantengo un poco al margen de la actuación de X durante los últimos días, desde que recibimos el mensaje del espacio dentro de las coordenadas que usaba el diabólico Luther Blisset para comunicarse con los extraterrestres. Jamás tuve una vivencia parecida y no creo que de momento vuelva a saber nada más acerca de ellos. Por las noches me despierto sobresaltado pensando que estoy en el interior de un platillo volador perdido en la infinidad de la Galaxia, intentando divisar  el Planeta Tierra por la ventana para tener un punto de referencia, pero sin poder ver nada más que la oscuridad insondable del Universo.

Quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos. El humo impregna la habitación de nuevo y dibuja rostros alrededor de la mesa. Rostros de personas que yo conocía. Las caras dirigen mi vista hasta el suelo, y me doy cuenta de lo sucio que está. ¿Cuándo sería la última vez que pasé la escoba? No logro acordarme. Hay investigaciones que me absorben la sesera de tal modo que me olvido de mi apartamento e incluso de mí mismo. Entre cápsulas de pensamiento me encuentro sentado esta tarde, y si he de pensar en algo lo hago en fantasmas y bosques encerrados. He de convencerme a mí mismo que la puerta de salida es una invención para mantenernos tranquilos, y que no puedo escaparme de esta jaula.

Encuentros en la 2ª Fase: Comunicación O.V.N.I

Encuentros en la 2ª Fase: Comunicación O.V.N.I

Ir tras la pista de un fantasma es realmente complicado. Leyendo acerca de las atrocidades que cometió Luther Blisset cuando mantuvo en activo su movimiento Espiritista a lo largo de España y Suramérica, ocultistas e historiadores de la crónica negra coinciden en afirmar que Blisset estableció varios contactos con vida extraterrestre durante algunos años, o por lo menos conocía la existencia de vida en otros planetas y el modo de comunicarse con ellos.

Este tema de los alienígenas me parece tan curioso que me he puesto a indagar más y más acerca de ellos, acerca de qué modos podría yo establecer una línea comunicativa con estos seres que sin lugar a duda existen, son inteligentes, y nos observan en todo momento.

Tanto a X como a mí nos tienen muy preocupados los asuntos relacionados con el espíritu. Ambos andamos tras la pista del fantasma de una niña, que al parecer encierra las claves para salvar a la malograda Diana. Investigando a Blisset y su relación con las sangrientas reuniones que se llevan a cabo en algunos pisos de Barcelona, se nos ha despertado una tremenda curiosidad por hablar con los marcianos y ver si pueden aportar algún dato relevante que ayude a reconducir nuestras pesquisas por el camino adecuado. Me temo que desde ahí fuera hay alguien que mueve los hilos, y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo.

Una señal lanzada al espacio, según las coordenadas que utilizó Blisset en su día, es la única forma que tenemos para saber si realmente podemos mantener la esperanza de que algún día vendrán de ahí fuera en una nave, de que sabremos la verdad. Tras la emisión de la señal a través de una máquina-transmisor de ondas que hemos aprendido a utilizar entre los dos, nos quedamos en silencio, esperando. Pero nada, no hay respuesta, allí arriba no han escuchado nada, ninguna nave nodriza ha recogido nuestro saludo. Nos hacemos unos cuantos jalandros y bebemos cerveza Alambra embotellada, que está más buena que la de lata, mientras esperamos. Pero siguen sin decir nada…

Cuando era pequeño vi en una ocasión luces en el cielo, durante una noche estrellada, caminando por el bosque con mi primera novia. Aquellos relámpagos azules correspondían sin duda a un objeto volador no identificado, pero no quise alarmar la conciencia de mi acompañante porque no quería que le entrara algún tipo de miedo e influyera en nuestro romanticismo. Ella no era ninguna estrecha, así que aunque hubiéramos visto a Big Food o el monstruo del Lago Ness, su lívido hubiera permanecido igual de inmutable, envueltos ella y yo en una burbuja de sofisticación chic, perdidos por el monte en medio de la noche. 

El transmisor comienza a emitir extraños sonidos y empieza a teclear un código. ¡Son ellos! Nos están contestando. En pocos meses nos hemos comunicado con fantasmas y extraterrestres. Me sentía orgulloso de ello, hasta que leí el mensaje en la pantalla una vez descodificado por mi compañero: “ESTOY SOLA Y ASUSTADA. SOCORRO”. Y de repente, un trueno estalló en el cielo, dando pie a una fuerte lluvia, que nos mantuvo encerrados toda la noche, sin poder salir a comprar más cerveza.

Almas de cántaro

Almas de cántaro

Las religiones  surgen en respuesta a miedos fundamentales del hombre: la imposibilidad de encontrar una respuesta al origen de su existencia y el miedo a la mortalidad, reconocer que nuestras vidas son cortas y limitadas como pequeños suspiros perdidos en el aire, cuya existencia no trasciende mucho más que la de una planta o un animal. Por encima de todo, la religión surge como respuesta a una de las mayores realidades de la condición humana: el hombre  es un ser solitario, destinado a la soledad y a la incomunicación con sus semejantes de por vida. El hombre se encuentra perdido en el Planeta Tierra y en realidad está sólo en el resto del universo, ya que no hemos encontrado, de momento, vida representativa en otros planetas.

Repaso en mi libreta de Paperchase algunos asuntos olvidados. Notas que me dejaron personas para alertarme de que el hombre muere solo y yo no me había dado cuenta de ello hasta ahora. Luther Blisset tenía muy por la mano la debilidad de la condición humana, se encargaba de que en cada una de sus reuniones los asistentes salieran más convencidos y renovados, glorificando las ideas de un ser carismático que al parecer tenía la llave de la felicidad y la vida eterna. A mí me daría igual toda esta historia, si no fuera porque mi vida se haya en un bucle kafkiano desde la muerte de Seveline y la trágica desaparición de Diana. Estamos dispuestos a encontrar a Blisset, y quizás entonces sepamos de qué modo traer a Diana de vuelta, por un camino que solo pueda transitar ella.

X tiene trabajo por partida doble: por un lado tiene que corregir los exámenes de sus alumnos de la Facultad de Filosofía, y por otro ha de proseguir con sus quehaceres detectivescos, sumergido en un mundo de apariciones auténticas y apariencias falsas . Es raro no llevar una doble vida a estas alturas, ninguno de nosotros se libra de caer en una especie de desdoblamiento que complica todavía más si cabe nuestra liada existencia. Por lo visto hay que escuchar bien la canción antes de ponerse a cantar.

Vida subterránea

Vida subterránea

A River Ain’t Too Much ha sonado hoy en mi apartamento repetidas veces. En otras ocasiones me han alabado las cualidades de Smog, pero nunca había pensado en la figura del cantautor todo terreno como un verdadero comunicador mesiánico, cuyas canciones son capaces de hacernos trascender a un estado que se eleva unos metros por encima del suelo, desafiando a la fuerza de la gravedad con chulería y precisión.

Caminamos como malabaristas por la cuerda floja, con la música de Smog de fondo conducimos hasta otra casa abandonada que X ha localizado cerca de la playa de Castelldefels. En esta ocasión vamos mucho más preparados. Nuestras herramientas de trabajo se encuentran en perfecto estado y sabemos que en aquél caserón decrépito se alojó Luther Blisset durante algunos años. Después se trasladó a Barcelona y desde entonces nadie volvió a vivir allí, como si la casa hubiese quedado apestada, víctima de algún sortilegio que ahuyentara a cualquier posible comprador.

Atardece. En el interior del caserón penetran algunos tenues rayos de sol, que iluminan millones de minúsculas motas de polvo que revolotean en el aire. Algunos muebles antiguos están cubiertos con sábanas, como fantasmas errantes de cambiantes formas, que guardan una vida errática, una condena eterna. “Si Blisset realizaba reuniones en este antro, deberíamos ser capaces de encontrar alguna pista”, dijo X. “¿Por qué no intentamos colocar los magnetófonos en el comedor y en el pasillo del piso superior?”, sugerí. “Me parece buena idea”, asentía mi compañero de investigación, “Yo me encargo de ir arriba. Intenta ajustar el micrófono para que registre cualquier vibración o cambio en el aire. Estoy seguro de que esta casa está infestada de almas en pena”.

Cuando X dijo “almas en pena” Diana acudió a mi memoria. Nadie había aparecido reclamándola, nadie la había buscado. Los pocos amigos que tenía en vida se habían esfumado por completo tras su desaparición. Eufemísticamente, vivíamos una especie de entierro prolongado, en el que tan solo participábamos X y yo. X leía los salmos, yo echaba tierra sobre el ataúd. Mientras calculaba la longitud de onda de uno de los frecuenciadores que X me había suministrado, un extraño sonido provinente del sótano captó mi atención.

Sin avisar a X, me acerqué hasta la cocina donde estaba la puerta que daba paso a las escaleras del sótano. Encendí la linterna y arrojé luz más allá de la escalinata descendente. Casi no se atisbaba el suelo ni lo que escondían las sombras de alrededor. Volví a oír el mismo sonido, como un golpe seco que se propagaba por las paredes. Bajé algunos escalones y en seguida me di cuenta de que entraba en terreno cenagoso, cuando la puerta se cerró de golpe detrás de mí y el ronquido seco de las paredes se repitió con mayor asiduidad.  Enfoqué a uno de los rincones de la oscuridad, donde descubrí con sobresalto a un gato negro que me miraba penetrantemente.  

“¿Jacques?, ¿Jacques?”. Desde la cocina X me llamaba y aporreaba la puerta intentando entrar en el sótano. “Estoy aquí abajo”. “¿Por qué te has metido ahí? He descubierto algo, ¡sube!” Yo tenía la sensación de haber hecho también un descubrimiento, pero no quería continuar indagando entre la penumbra con aquél felino suelto. La puerta tardó un poco en ceder, no tenía la intención de abrirse a la primera. Cuando lo hizo, me encontré con X al otro lado, con una expresión extraña en el rostro y algo pálido. “Salgamos de aquí”, imperó. “¿Por qué? ¿Qué has visto?” pregunté. “No es lo que he visto yo, sino lo que has visto tú”. No comprendía. “El gato negro”, continuó X. “Es el gato de Luther Blisset”.

En el coche X me explicó que Blisset utilizó el gato en diversos rituales para dar pruebas de su poder. Degollaba al gato delante de sus seguidores y tras un extraño ritual le devolvía la vida. Aquél felino era por lo tanto un alma en pena más, cargada de malignidad y manejada por entidades del Más Allá. No sé como X supo en seguida de mi encuentro con el felino, él tampoco me ha dado demasiadas explicaciones, pero le avala su gran experiencia en casos de este tipo. No podría continuar con esta línea investigativa sin su ayuda. La presencia de ese animal en la casa significa que Blisset anda cerca, así que mejor desaparecer antes de tener un encuentro frontal con él sin estar preparados. Hay que prevenir los zarpazos, y para eso tenemos que ir muy rápido, como deslizándonos, sentados en la barandilla de una escalera de caracol.

Bacterias que se propagan

Bacterias que se propagan

Luther Blisset acogió a un grupo de estudiantes universitarios como discípulos de su doctrina, el Movimiento Espiritista, desde el año 85 hasta mediados de los 90.  Fue entonces el momento en el que Blisset medió un suicidio colectivo en Barcelona, en un piso del Eixample situado en el número 16 de la calle Mallorca. Durante aquella fatídica sesión, Blisset  diluyó en agua tres gramos de cianuro de sodio, uno de los componentes químicos más letales que existen para el ser humano,  suficiente para matar a un grupo de 35 personas, seguidores de la doctrina.

Antes de ser inculpado por el brutal asesinato, Blisset huyó a Suramérica donde pudo continuar dando rienda suelta a sus delirios sectarios, divulgando los mandamientos del Movimiento Espiritista. Tal religión concebía en el mundo de los muertos una Tierra Sagrada, donde se daban forma a los castigos y penitencias que debían acarrear los hombres atrapados por desgracia en nuestra dimensión consciente, el Planeta Tierra. Su religión intuía el mundo actual como una especie de infierno, al que habíamos sido confinados debido a  los pecados cometidos en nuestras inconmensurables vidas anteriores.

Mientras recopilo toda esta información en mi libreta de Paperchase, miro a X por encima del hombro. Él está ahora sumergido en la lectura de un libro sobre demonología. Siempre que venimos a esta biblioteca perdemos bastante el tiempo porque X no se centra en la información que nos importa de verdad, la que atañe al caso que investigamos. Aunque quiera echar algún maleficio sobre su mujer que ahora le hace la vida imposible, no creo que le sirva de mucho este tipo de consultas. Estamos en un momento de dispersión absoluta. Yo confundido entre brazos que me aprietan fuerte y luego me sueltan, y X apabullado por intentar controlar una situación sentimental que desde hace mucho se le ha ido de las manos.

El rastro de Luther Blisset es evidente en la ciudad de Barcelona. No sé por cuántas ciudades más habrá pasado este ser demoníaco, ni cuáles serán las secuelas reales que padece la civilización tras dinamitar sus bombas ideológicas en los años 80. Blisset suministraba mescalina en todas sus reuniones, con lo cual mantenía a sus “seguidores” completamente “alucinados” y convencidos de sus demenciales teorías. No hemos encontrado ningún rastro de esta droga en los restos de los rituales que hemos ido hallando. No es una prueba excluyente para descartar que Luther Blisset se encuentre de nuevo en Barcelona.

En algún momento la verdad siente deseos de salir a la luz, de disfrutar de su propia lucidez. La Verdad ondula serpenteante en el tiempo y va modificándose. Muta en otras realidades, que hace que las personas cambien y sean otras personas, desempeñen otro papel y persigan otros objetivos. Me abruma esta premisa que no es fácil interiorizar, pero que está claro que todos debemos dar por hecho si queremos atrapar al causante de esto. Una de mis principales preocupaciones es que de repente nos levantemos una mañana con la sombra de un nuevo asesinato, de una nueva muerte a nuestras espaldas, y que sea tan pesada que ya no nos queden fuerzas para arrastrarla y continuar con nuestras vidas.

Esta noche me he dado una vuelta por la calle Mallorca, he pasado por delante del número 16. Cuando logremos saber con certeza los detalles del crimen colectivo, volveré con X y nuestros aparatos para grabar fantasmas. He sentido un poco de frío volviendo al coche, como si hubiera estado cerca de un bloque de hielo durante un rato largo. Las fases del deshielo continúan avanzando a su antojo, a veces de forma rápida, otras de un modo más lento, pero siempre manteniendo la misma constante: a una capa de hielo le sigue otra, y a esta otra y otra y otra y otra y otra…

Parfois il paraît que le temps s’arrêté, que ce qu'il tourne autour d'un est congelé et fait tant a là frit dehors qu'on ne peut pas ni faire un pas. Parfois je pense lui beaucoup que j'aie aimé avoir une vie normale, avoir un travail qui apporterait une plus grande stabilité émotionnelle, me rendre jusqu'aux poteaux d'une certaine femme précieuse, faire l'amour avec elle chaque nuit et avoir beaucoup de fils. Chacune de mes tentatives dans le début de ce but a été manqué, donc je ne poursuive déjà pas plus ce placebo. J'attends convenu dans moi même, en voyant comme passent les phases du dégel, qui transforment la neige en eau qui égoutte à rythme de tic-tac. Il est alors quand le temps commencera à se déplacer à travers la sphère de mon horloge noire.

 

Nadie Sabe

Nadie Sabe

A veces parece que el tiempo se ha detenido, que lo que gira alrededor de uno está congelado y hace tanto frío ahí fuera que no se puede ni dar un paso. A veces pienso en lo mucho que me hubiera gustado tener una vida normal, tener un trabajo que aportara mayor estabilidad emocional, enamorarme hasta las trancas de alguna mujer preciosa, hacer el amor con ella cada noche y tener muchos hijos. Cada uno de mis intentos en el albor de este propósito ha sido fallido, así que ya no persigo más este placebo. Espero sentado dentro de mí mismo, viendo como transcurren las fases del deshielo, que convierten la nieve en agua que gotea a ritmo de segundero. Es entonces cuando el tiempo comienza a desplazarse a través de la esfera de mi reloj negro.

Las cosas más terribles suceden cerca de la casa de uno. En el piso de al lado, por ejemplo. La verdad está ahí fuera, en algún momento y en algún lugar, ajena a nosotros y nuestras elucubraciones y despropósitos de moralidad ambigua. Prefiero pensar que simplemente con la evasión diáfana a la que consigo llegar mediante entretenimientos naturales y digitales, se consigue descongelar el tiempo y rodar a través de él aunque sea del modo en que ahora lo hago, convulso y a horcajadas, como montado en un ridículo toro mecánico.

Tanto X como yo le hemos dado muchas vueltas al tema de los rituales del hombre contemporáneo, del hombre enfermo, del hombre que se dedica a consagrar divinidades paganas todo el tiempo y está dispuesto a cualquier cosa, incluso a sacrificar su propia vida, para llevar a cabo con éxito los propósitos de la cábala. Más pisos donde se han realizado este tipo de ritos han aparecido en Hospitalet, en áreas separadas equidistantemente pero siempre en enclaves paisajísticos de urbe maltratada, de barrio suburbial. 

La narración de El Buda de los Suburbios de Hanif Kureishi me da vueltas en la cabeza constantemente, como la ciudad de Londres, y me acojo a ella para establecer comparaciones con la situación que vivimos en este momento. Sin duda, una de las investigaciones más duras de toda mi carrera detectivesca, aunque esté plagada de mieles inclasificables y  viajes nocturnos que hacen que saque lo mejor de mí mismo (y lo mejor de los que me acompañan en este tránsito por la frontera con el Más Allá).

Ya sabemos el aspecto que tienen los fantasmas, ya les hemos oído. Ahora no tienen nada más que decirnos, tan sólo esperan escondidos a que nosotros movamos la siguiente pieza. Diana nunca lo tuvo tan difícil. Estamos esperando una respuesta por parte de Merryck Plumaligera, pero de momento no ha contestado a nuestras prerrogativas respecto al informe del forense. Seguramente tendrá miedo de hablar más de la cuenta, ya que tanto X como yo coincidimos en que si hay alguien que tiene información de primera en estos momentos es él: el hijo de uno de los últimos adoradores de Luther Blisset.

Fotograma de Nobody Knows (Nadie Sabe), del realizador japonés Hirokazu Koreeda.

Podría suceder cerca de tu casa.

The Life Pursuit by Jacques Clochard

The Life Pursuit by Jacques Clochard

Este mes nos rige el signo de acuario. Dice el horóscopo que los acuarios se caracterizan por no saber nunca lo que quieren, pero sin embargo la vida les va dando todo lo que necesitan para ser felices. A pesar de ello, los nacidos bajo ese signo continúan diciendo que no están del todo seguros de lo que esperan de esta vida, pero la sonrisa brilla perenne en sus caras. Una mujer o un hombre acuario suelen tener unas atractivas arruguitas alrededor de los ojos, consecuencia  de  haber llevado una vida feliz, de sentimientos desaforados, en la que han dado rienda suelta a todo tipo de pasiones.

Cuando volví a casa ayer por la noche, lo hice decidido a meterme en la cama y dormir doce horas seguidas. Me encontraba exhausto y lo único que me apetecía era tomarme un  valium, fumar un poco de hierba índica que me pasó X y perder el mundo de vista. Finalmente no ingerí nada químico, debido a la dimensión que adquirieron las cosas tras las dos primeras caladas. El teléfono sonó. Era Lulú. “Esta noche es el cumpleaños de una amiga y hace una celebración en su casa. ¿Te apuntas?”. De repente me sentí más animado y contesté que sí. Hacía tiempo que no estaba con Lulú y me apetecía verla, después de su viaje por las Antípodas.

Conocí a Pichi, la anfitriona de la fiesta: una chica que cumplía 30 años, una acuario de pro que además era rockera, fanática de los Bad Religion. Trabajaba como periodista en una televisión local y vivía en un piso amplio de grandes ventanales y una galería con grabados moriscos, típicos del estilo andaluz. Pensé que se trataba de un caso habitual de chica acuario feliz, con arrugas en los contornos de los ojos de tanto sonreír. A veces los astros se alinean en extravagantes conjunciones que nos afectan directamente, que nos alteran en cierto modo y contribuyen a modificar el ritmo de nuestra cotidianeidad. La velada se dinamizó todavía más cuando, tras soplar las velas, comenzamos una severa ronda de whisky y ginebra. En el piso sonaba el nuevo disco de Belle & Sebastian.

Entre los presentes a la fiesta estaba la amante de Pichi, una chica algo mayor que ella, de largos cabellos dorados y ojos azules. Alguien le había regalado un conjunto de ropa interior con encaje, muy sexy. Pichi recogió los regalos esparcidos por el salón, y guiñó el ojo a su amiga, que se llamaba Rebeca. Ambas hicieron mutis por una puerta decorada con gravados moriscos que se doblaba en tres partes. Cuando todo el mundo bailaba y se entretenía contándose las últimas batallitas, perdí de vista a Lulú y me deslicé por el hueco de la puerta haciéndome el despistado, como siguiendo el conejo blanco de Alicia, para en realidad encontrarme con las mieles de Pichi y Rebeca.

Allí estaban ambas, estiradas en la cama, realizando un acto de entrega total en las que sus cuerpos, empapados de sudor, resbalaban al contacto de sus piernas, sus caderas y sus pezones erizados. Creyeron que yo era un Dios del Viento de envolvente olor a jazmín, y me hicieron quitarme la ropa y deslizarme a través de la cama junto a ellas. Ninguno de los tres pretendíamos poner límites a aquella situación tan excitante y placentera. Rebeca me daba de beber de una botella de ron, y a su vez yo transportaba el licor hasta la boca de Pichi, mientras le acariciaba de un modo profundo su mundo interior, con tres dedos de mi mano izquierda.

Por estos derroteros transcurría el cumpleaños de la amiga de Lulú, a la que había dejado completamente abandonada a merced de los avatares de una situación forzosa, que ella no había escogido. Yo me revolvía en la cama con ambas féminas, desenvolviéndome gustosamente en una relación iniciática, que sin duda estaría dispuesto a repetir en cualquier otro momento. Una válvula de escape para la estresante vida de un investigador, que me recolocaba de nuevo en mi mismo, en un olvidado papel de seductor, de amante noctámbulo de clase A.

No voy a narrar el modo en el que acabó la noche, porque es un recuerdo que prefiero guardármelo para mí y no compartir con nadie más. Lulú me acompañó a casa y se ha quedado a dormir. Me pide constantemente que le explique historias al oído, sobre todo que le cuente todo lo referente a mis escarceos sexuales. Desnudos bajo un puñado de mantas, me abrazo a su cuello como si de una nube alcanzada al vuelo se tratase. Me duermo entre flores, explicándole toda la verdad y nada más que la verdad. Siempre me pasa cuando estoy en ese punto entre el sueño y la vigilia, entre la ficción y la realidad.

Interludio de una investigación

Interludio de una investigación

La vida de un detective es sumamente ajetreada. La intensidad con la que se han ido sucediendo las últimas noches no me han permitido mantener una continuidad en el trabajo. X no ha parado de dejarme mensajes en el contestador, tengo muchísimas llamadas perdidas de él en mi teléfono móvil. Seveline es una niña muerta y Diana continua sin aparecer. No hay más datos, no han aparecido más pistas, yo no he podido extraer conclusiones que nos ayuden a avanzar y X tiene una profunda crisis matrimonial.

En cuanto a mí, he de confesar que he decidido tomarme unos días de descanso y apartarme de la investigación. Es cierto que cuando te encuentras demasiado implicado en un caso a menudo hay que guardar cierta distancia para analizar los hechos con objetividad. No sabría decir con certeza si continúan vigilando mi apartamento. He dormido la mayoría de las noches en la alegoría kistch de Parálisis Permanente y al volver al mediodía a casa no he encontrado ni rastro del coche de la mujer morena. Eso sí, mi buzón siempre está lleno de cartas sin remitente, mensajes en clave, códigos cifrados y dvd’s que compro por Internet.

Algo me empujó ayer a retomar con fuerza la investigación. Mis contactos me han informado de que los padres de Seveline se han marchado unos días de la ciudad. Me he colado en casa de la pequeña con la intención de revisar a fondo su habitación. La policía ya la examinó en su día, pero sé con certeza que no lo hicieron de un modo riguroso. El cuerpo policial de esta ciudad está completamente corrupto, al igual que otros círculos profesionales. Tengo el privilegio de trabajar por mi cuenta y de no estar encasillado en ningún gremio, en ningún mundillo, en ninguna farándula de extravagancia circense. De nuevo me colaba en la habitación de un niño muerto, esta vez sin la intención de grabar cacofonías y sin la compañía de X. Sólo con mis pensamientos y la solemnidad del silencio.

Me he quedado encandilado con los libros de Seveline. Colecciones enteras de cuentos, una edición maravillosa de El Principito y otras obras como El Viento en los Sauces y algunas comedias en prosa de Miguel de Cervantes como A un embuste, otro mayor. Una niña de doce años que profusa una pasión desbordante por la lectura… me acuerdo de una conversación que mantuve con Diana la noche que vino a mi casa en busca de refugio. Hablamos de libros y de momentos que recordaba de su infancia; quizás su habitación cuando era una niña se pareciese mucho a la de Seveline. No paro de encontrar conexiones entre ambas, ahora convertidas en fantasmas, atrapadas, retenidas en una dimensión caótica e incomprensible, indescifrable en sus rincones olvidados y sus largos pasillos de mármol reluciente.

De repente ha caído un pedazo de papel mientras ojeaba uno de los libros. Se trata de la caligrafía de Seveline que en algún momento, durante su vida anterior, escribió lo siguiente: “La vida es un río, sucio y lleno de pirañas. No merece la pena surcar tal maraña. Prefiero que te quedes tú el bote construido con madera y paja, no vaya a ser que lo devoren las arañas del agua / Y en el despertar de mi nueva vida no habrán ni peces ni agua, tan sólo la brisa serena que se respira en las montañas. Quiero ser la extraña que se alegra al volver a casa”. Y en lugar de firmar con su nombre, una explosión de flores de largos pétalos se arremolina en la parte inferior del papel, dibujadas con detalle con un lápiz del número cinco.

Me guardo el pequeño manuscrito y acabo de inspeccionar la casa. Sin ninguna otra novedad importante salgo deslizándome como un fantasma, deshaciendo el mismo camino que tomé para llegar hasta aquí. Supongo que ahora lo único que podría hacer es ir al cementerio y visitar la tumba de la pequeña Seveline, más muerta y más incomprendida que nunca. El misterio que encierra su asesinato es una maraña laberíntica, a través de la cual encontramos pinceladas de su personalidad y nos hacemos una idea de cómo fue ella en vida. Los fantasmas se han encargado de difuminar su forma de ser y diluir su sonrisa angelical. Me esfuerzo por comprender que ha podido pasar para que todo haya salido tan mal. Siento que nunca hay bóvedas lo suficientemente altas para ser celestiales, ni mazmorras  lo suficientemente profundas para considerarse infernales.         

Voces perdidas

Voces perdidas

Domingo, 29 de enero

Durante los años ochenta, las ciudades se inventaban por sí mismas de forma continuada. Antros, discotecas, fiestas y vicios recorrían las calles aclamando la era de la libertad de pensar y de amar. Los que vivieron esa época intensamente dicen que entonces sí que merecía la pena drogarse. El éxtasis, los ácidos, la cocaína... era entonces el momento de la Gran Ciudad, de ser cosmopolita, de abrir la mente. Aquellos que estuvieron maravillosamente enganchados a algunas de estas drogas recuerdan los años ochenta en este momento de crisis total de la identidad, y se retiran de las grandes ciudades, enrolados en una guerra diferente. París, Londres, Barcelona e incluso Nueva York, son todas ciudades ya aburridas y sin ningún aliciente para ellos. Lo peor es que las nuevas generaciones no hacen nada para cambiarlo.  

Defender el arte y la cultura requiere un compromiso, una implicación. No puedes pensar que formas parte de la cultura si no produces cultura, si todavía no encuentras el registro mediante el cual expresarte. En toda investigación lo primero que se debe llevar a cabo es eliminar los resortes de la incomunicación, que se encuentran fuertemente anclados en varias esferas de la sociedad y de las relaciones humanas del hombre sin identidad. Mirada penetrante. Pongámonos serios. Señalemos con el dedo lo que no nos gusta. Escapad de la frustración como primer paso necesario hacia la libertad individual.

Soy un investigador, un observador, no lo puedo evitar. Debido a esta naturaleza me veo continuamente envuelto en lugares y situaciones poco usuales. Lucho continuamente por mantener la gentileza, porque creo que es uno de los atributos más imperecederos que existen, pero a veces no puedo evitar enfadarme. X me invitó a presenciar un experimento científico que yo desconocía y me pareció de lo más interesante: la grabación de psicofonías en Can Mata, una finca abandonada que se encuentra en la carretera de la Rabassada, justo en la ladera oeste de la montaña del Tibidabo, donde fusilaban a los republicanos durante la Guerra Civil.  

Hablamos en un café, y me explicó que sería un trabajo de campo de lo más recurrente y que nos serviría de experiencia para continuar con el caso que nos traíamos entre manos. Como veis, las grandes ciudades se pierden en las crisis de los valores y de las identidades, y comienzan ha aparecer fantasmas en las casas deshabitadas. Qué signo más inequívoco de los tiempos modernos, y qué gran objeto de estudio. Hice alarde de mi mejor gentileza y nos acercamos a su casa en mi coche para recoger las herramientas de trabajo: grabadoras, infrarrojos, sulfatos, pinceles, cámaras fotográficas y dos trípodes.

Esa era nuestra forma de contribuir al arte, fotografiando fantasmas, grabando sus conversaciones. X me enseñó por encima el procedimiento habitual antes de entrar en el caserón abandonado. No nos costó demasiado forzar la puerta. Subimos por los peldaños de la escalera de madera que crujían bajo nuestras pisadas hacia la segunda planta. Entramos en la habitación de un niño. Las paredes conservaban restos de un papel macilento con dibujos de globos y payasos. Colocamos los utensilios, pusimos en marcha la grabadora y el infrarrojo. X y yo nos sentamos en el suelo polvoriento, a liarnos un jalandro y esperar a ver qué pasaba. 

Efectivamente, a los tres cuartos de hora y justo cuando me empezaba a entrar sueño, el pitido del infrarrojo nos alertó. X dio marcha atrás al magnetófono y pulsó play. Oímos con claridad la voz de un niño que llamaba a sus padres con tono de preocupación. “¿Papá? ¿Mamá?... ¿Papá? ¿Mamá?”. Se me erizaron los pelos de la nuca y en ese momento me acordé del desagradable episodio en el bosque cuando andábamos tras la pista de Diana. Escuchar a un fantasma es espeluznante, pero me interesa conocer más acerca de ellos, ya que por lo visto juegan un papel importante en el caso de la niña desaparecida.  

A veces me pregunto por qué empecé a escribir un diario íntimo, por qué tengo la necesidad de recapitular sobre papel los acontecimientos de mi vida. Sin duda, la respuesta a esta pregunta tan sólo la puedo saber yo con certeza. De momento creo que tiene mucho que ver con los fantasmas, puesto que yo también terminaré siendo uno de ellos y no quiero que se me olvide lo que hice mientras estaba vivo. La vida está separada de la muerte por una línea muy fina, tanto que a veces es posible acceder a un punto que se encuentra entre los dos mundos. Reviso la cinta y las fotos que hemos hecho de la casa, y escucho una vez más la frágil voz de ese niño perdido en un plano distinto al que nos hallamos. Una dimensión que está adquiriendo forma y que nos atrapará mientras buscamos a la persona que más amamos. ¿La encontraremos entonces?

Fuego y nieve

Fuego y nieve

Jueves, 26 de enero

Bajé la guardia y bebí más copas de la cuenta con Parálisis Permanente. La película había sido tan aburrida que necesitaba un tratamiento de choque rápido e indoloro. Hicimos una mezcla rara de bares y licores, una ruta nocturna peculiar por los suburbios de la ciudad, mucho más húmeda que nunca. Me confesó que ella también espera que pase un tornado, pero ha leído algo al respecto y cree que es bastante improbable que ocurra algo así en Barcelona, por lo menos en esta década.  

He descubierto que los Happy Mondays, por encima de ninguna otra banda musical, me transportan a sitios donde no había estado antes, o que no recordaba.  Escucharlos me ha despertado algo en el interior que me empuja a llevar un ritmo de vida nocturno mucho más inconsciente, sin preocuparme del trabajo del día siguiente. Desde hace dos días me encuentro tan ricamente flotando a través de la noche, que comienzo a ver más claros algunos aspectos de la investigación que no acababan de ver la luz.

La fiesta donde nos metimos el jueves era en un piso de la calle Escudellers, después de ponernos cinco gintonics por bandera en el antro más oscuro de la ciudad, donde se permitía fumar hachís, marihuana y creo que incluso opio si lo hubiéramos encontrado. Sin duda alguna, los Happy Mondays me habían conducido hasta allí. Cuando me quedo atrapado en fiestas de este tipo, mis pensamientos van todavía más rápido que de costumbre y comienzo a tener revelaciones que apunto en pedazos de papel. Sé que después serán útiles a la hora de encontrar nuevas pistas que arrojen claridad a la difícil situación que atraviesan las personas implicadas en el caso de la pequeña Seveline.  

Totalmente dispuesto a darlo todo dado el estado en el que me hallaba, me fusioné con el resto de la gente que se balanceaba en el comedor con una sesión de Carl Cox grabada de la radio. Las paredes iban cambiando de color, en función de los estados que íbamos atravesando a lo largo de la noche. Mi compañía era de lo más agradable, olvidé su nombre, me centré tan sólo en los abrazos y achuchones. No hay forma más dulce de librarse de los fantasmas y las alucinaciones.

Mientras amanecía se ha puesto a nevar. De camino a su casa por el barrio chino, dos macarras han salido a nuestro paso con una navaja. Ambos tenían una pinta horripilante, parecían dos orcos con ganas de comer carne fresca.  A pesar de que iba todavía algo embriagado me he puesto en guardia, con una mano sobre la pistola aunque sin ningún ánimo de malgastar una sola bala con aquellos dos desgraciados. De repente, Parálisis me ha enseñado nuevos atributos de ella que yo desconocía. Ha reducido a ambos delincuentes, con una patada voladora y un puñetazo demoledor. Varias muelas ensangrentadas han caído en la nieve, que iba cuajando tímidamente en el suelo formando una alfombra blanca.

Me encantan las mujeres con esa capacidad de reacción para afrontar lo inesperado. Quizás tenga algo que ver la exótica confesión que me hizo mientras bailábamos en la fiesta. Me dijo que  siendo una niña, comenzó a masturbarse viendo Twin Peaks. Supongo que no habrá parado desde entonces. Deseaba de nuevo encontrarme en esa habitación, visitar su lavabo de decoración kitsch, tomarle medidas a su cama de sábanas rosas y hablar con ella sobre quién mató a Laura Palmer. Era una preciosa mañana de nieve para hacerlo. 

Ciudades inclinadas

Ciudades inclinadas

Martes, 24 de enero

Supongamos que un huracán arrasara Barcelona. Las palmeras de la Diagonal se partirían por la mitad. Los coches arrastrados por la furia de la fuerza centrípeta, esparcidos como chatarra por las calles, acogerían también los restos de los edificios derrumbados, los amasijos de hierro, los cristales de los grandes ventanales.  

El mar se abriría camino en olas devastadoras, que tirarían abajo la estatua de Colón e inundarían todo el distrito de Ciutat Vella. La gente, los ciudadanos, sorprendidos por el huracán entre semana, mientras trabajan o lo intentan, sin poder marchar a su segunda residencia, morirían todos ahogados, sumergidos, aplastados, completamente calcinados, fusionada la carne propia con los cables de tensión, los postes telefónicos, las vías retorcidas del tranvía y el ferrocarril.

El problema sentimental de X ha empezado a interferir en la búsqueda de Diana. Hoy no ha podido acudir conmigo a la reunión con el forense, debido a la delicada situación que atraviesa con su mujer. No han funcionado las sucesivas excusas que desde unos meses para acá X le está poniendo a su esposa, para ocultarle que tiene una amante. Ni yo conociéndole personalmente y dedicándome a la investigación profesional me había dado cuenta. Cuando digo que X es un tipo reservado, os lo digo muy en serio.   

La mujer de X ha acabado en el Hospital, debido a un profundo ataque de celos. Pero antes de eso, ha destrozado el estudio de mi amigo, ha intentado quemar sus archivos y sus libros de filosofía, ha pateado sus frascos químicos, con compuestos que yo mismo había preparado para que él los utilizara. X ha intentado calmarla pero no lo ha logrado. A cambio ella le ha arañado la cara y le ha cosido a puñetazos. Por supuesto, X se ha dejado. Para cuando yo le he llamado ya era demasiado tarde. Me ha explicado por encima la situación y se ha excusado de no poder venir. Al menos no se han perdido ninguna de las pistas que guardaba él en su casa, y eso me alivia.

El forense me acaba de dar el parte de uno de los cuerpos que encontraron en un piso de Hospitalet, donde se había llevado a cabo uno de esos extraños rituales, como el que descubrimos el domingo. La víctima, un hombre de 52 años, trabajador en una editorial de libros de texto, fue hallado con una elevadísima concentración de barbitúricos en la sangre, muerto, asfixiado en su propio vómito.  No he perdido el control hasta este punto, pero el mundo se ha puesto del revés cuando el forense me ha puesto al día del hallazgo en el interior de su cuerpo.  

En el estómago escondía una pequeña pelota de plástico, la cual se apresuraron a abrir. Dentro han encontrado una fotografía doblada en la que aparecemos Diana y yo en un parque, durante una luminosa mañana, mucho más jóvenes de cómo ahora somos, los dos sonrientes y con gafas de sol. Mi primera reacción ha sido de pánico, alguien pretende asustarme y no solo eso, aparentemente yo conocía a Diana pero... ¿cuándo nos hicimos esa foto? ¿quién nos la hizo?

Espero que este mensaje en clave no tenga consecuencias negativas, espero que encontrar una foto mía en el interior de un estómago no quiera decir que alguien quiere practicar el canibalismo conmigo o algo así. Es un poco tarde, cierro con llave la puerta del apartamento, me aseguro de echar el cerrojo a todas las ventanas. Ha sido demasiado por hoy y mañana he de escuchar la evolución de la situación de X con su mujer, en alguna cafetería de esta Barcelona, ciudad devastada.

Rituales del hombre contemporáneo

Rituales del hombre contemporáneo

Domingo, 22 de enero

Por la tarde nos movimos por los suburbios de la ciudad, en una zona limítrofe con Hospitalet donde hay un campo lleno de yonkis y putas. El bloque de viviendas industriales donde entramos era tan decadente como tan sólo el paso de los años te pueden hacer. El ascensor paraba en la planta sexta y en el ático, otras seis plantas más arriba. Los accesos a los pisos llevaban consigo un laborioso camino de subir y bajar escaleras, recorrer pasillos a oscuras y esquivar bolsas de basura lanzadas por los vecinos.    

Entramos en un piso donde sonaban los Sun Kill Moon, y el eco de las notas musicales a través de la galería impregnaba  al edificio de una decrepitud todavía más peculiar, que evocaba a la melancolía que siente el pintor cuando no encuentra ninguna musa que sea capaz de inspirarle en la composición de un nuevo color. Palpé el lateral de mi chaqueta, ahí debajo llevaba el arma. Esta vez si que había salido a la calle como Travis, en medio de una ciudad corrupta y repleta de fantasmas. 

X me cubría las espaldas y yo avanzaba, empuñando la Colt del 55. Deberían ser las siete de la tarde, pero la noche lo ocupaba todo. No sabíamos si íbamos tras la pista correcta, las conclusiones de X debían de ser las más acertadas ya que era él el experto en los trasuntos de la muerte. Efectivamente, nos encontrábamos en la boca del lobo de forma consciente, tal era nuestro afán por conseguir otra nueva pista que arrojara luz a nuestra investigación.  

El salón estaba repleto de velas, la mayoría aún encendidas, y habían restos del ritual por todos lados. X comenzó a recoger algunas muestras para analizar posteriormente, mientras mantenía una discusión sobre el punto de vista de Heidegger sobre el nihilismo. Sin duda una postura que se mantiene vigente y se radicaliza en nuestros días, en los que asistimos a la paulatina deshumanización de los hombres al convertirse éstos en valores, y no en personas.

Hay gente que tiene talento para crear, y gente que tiene talento para destruir. Son dos conceptos distintos que te conducen a lugares diferentes. Para acabar con todo a veces se necesita ser tremendamente imaginativo, como los salvajes que habían llevado a cabo aquél acto aberrante como ofrenda a algún tipo de divinidad de escaparate. Habían repugnantes restos de carne de animal esparcidos por el pasillo, en las paredes habían dibujado extraños caracteres en sangre, habían pastillas encima de la mesa redonda del salón y todo olía a aceite quemado y a una extraña esencia de flores del campo. 

Hice fotos y tracé con X un esquema sobre un mapa de Barcelona indicando los puntos dónde estaban ocurriendo este tipo de actividades. Nos hallábamos en los albores de un descubrimiento mucho más profundo y consciente, para el que de momento no estábamos preparados o por lo menos yo no me sentía preparado. Nos largamos de allí y llamamos a la pasma, que como siempre son los últimos en enterarse de lo que pasa delante de sus propias narices.

De nuevo están bajando las temperaturas. En el estudio habría que poner otra estufa, sobre todo para pasar las largas veladas de diez y doce horas hipnotizado en frente de la gran pantalla. Acabo de redactar un informe del día para pasárselo a X y oír sus comentarios. La música de Tindersticks comienza a sonar con los títulos de crédito de Trouble Every Day. Casi me olvido de lo que ha pasado hoy y me impregno de la elegancia de esta salvaje exaltación de la pasión humana que me remueve los instintos, que me aleja de las sentencias de Heidegger y me hace ser más libre.   

Justo cuando llueven jaulas del cielo. 

With a little help of my friends

With a little help of my friends

Viernes, 20 de enero

Estuve a punto de salir a la calle como Travis, con gafas de sol y cargado de armas. He de aprovechar el fin de semana para descansar pero las horas de sueño son imprecisas de determinar tratándose de una temporada tan reveladora. No puedo decirle adiós a la noche, las mejores flores se abren a esas horas.  

Bajé al centro, para dejar que el caso pasara inadvertido por unas horas. Mi casa no necesita ningún exorcismo de momento, así que puedo invitar a cualquier extraña a enseñarle mi colección de películas de detectives o explicarle como hacen los psicópatas para deshacer un cadáver sin que quede ni rastro. Un proceso entretenido.

De nuevo con Herman Düne aparco justo delante del bar para dirigirme a una fiesta para gente moderna, promovida por la organización de un evento singular en el que se alaba la sencillez de una tostada untada en mantequilla. Ya he estado en sitios así antes y sé de qué está llena toda esta gente. Me regalan una chapa al entrar. Cool.  

En medio de la sala cuelga una gigantesca lámpara de araña, y la gente que baila debajo queda iluminada por pequeños puntos de luz que saltan de cuerpo a cuerpo, en un movimiento rotatorio. Es como estar dentro de una pecera. No recuerdo los nombres de las personas con las que he entrado a la gran fiesta, pero sí que recuerdo a Betsy, que se parece a esa chica rubia que me mira sentada en un rincón, y también a Iris, que es casi igual a esta otra que baila a mi lado. Iris, no puedo hacer nada por ti, no te puedo pagar el billete de vuelta para que regreses a casa de tus padres, pero quizás pueda acompañarte en el misterio de esta noche.

Siento el móvil que vibra en mi bolsillo al recibir un mensaje. “Siempre son los malos tiempos y siempre son los buenos. El portal se abre en: Bruc 141, esquina Ronda de San Pere”. De nuevo otro mensaje en clave de los que a mí me gustan. Salgo fuera de la fiesta, me enrollo uno de estos y cojo un taxi hacia la inspirada dirección.  

Se trata de una importante compañía discográfica, Good&Bad Records. Historia y destino se unen a veces para brindar estos curiosos estados que sin duda se acercan a la experiencia mística y en los que caigo una y otra vez. Me presentan a la banda que están a punto de lanzar al mercado -de nuevo más modernez a mi alrededor- y me dejo llevar sin remedio por la música y el verdadero grooving, que resultó que estaban en ese piso de la calle Bruc y no en la discoteca de la calle del Tigre.

El nombre de la fiesta era:  KILL THE DJ. Así lo hicimos, Iris et moi.