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Diario íntimo de Jacques Clochard

The Life Pursuit by Jacques Clochard

The Life Pursuit by Jacques Clochard

Este mes nos rige el signo de acuario. Dice el horóscopo que los acuarios se caracterizan por no saber nunca lo que quieren, pero sin embargo la vida les va dando todo lo que necesitan para ser felices. A pesar de ello, los nacidos bajo ese signo continúan diciendo que no están del todo seguros de lo que esperan de esta vida, pero la sonrisa brilla perenne en sus caras. Una mujer o un hombre acuario suelen tener unas atractivas arruguitas alrededor de los ojos, consecuencia  de  haber llevado una vida feliz, de sentimientos desaforados, en la que han dado rienda suelta a todo tipo de pasiones.

Cuando volví a casa ayer por la noche, lo hice decidido a meterme en la cama y dormir doce horas seguidas. Me encontraba exhausto y lo único que me apetecía era tomarme un  valium, fumar un poco de hierba índica que me pasó X y perder el mundo de vista. Finalmente no ingerí nada químico, debido a la dimensión que adquirieron las cosas tras las dos primeras caladas. El teléfono sonó. Era Lulú. “Esta noche es el cumpleaños de una amiga y hace una celebración en su casa. ¿Te apuntas?”. De repente me sentí más animado y contesté que sí. Hacía tiempo que no estaba con Lulú y me apetecía verla, después de su viaje por las Antípodas.

Conocí a Pichi, la anfitriona de la fiesta: una chica que cumplía 30 años, una acuario de pro que además era rockera, fanática de los Bad Religion. Trabajaba como periodista en una televisión local y vivía en un piso amplio de grandes ventanales y una galería con grabados moriscos, típicos del estilo andaluz. Pensé que se trataba de un caso habitual de chica acuario feliz, con arrugas en los contornos de los ojos de tanto sonreír. A veces los astros se alinean en extravagantes conjunciones que nos afectan directamente, que nos alteran en cierto modo y contribuyen a modificar el ritmo de nuestra cotidianeidad. La velada se dinamizó todavía más cuando, tras soplar las velas, comenzamos una severa ronda de whisky y ginebra. En el piso sonaba el nuevo disco de Belle & Sebastian.

Entre los presentes a la fiesta estaba la amante de Pichi, una chica algo mayor que ella, de largos cabellos dorados y ojos azules. Alguien le había regalado un conjunto de ropa interior con encaje, muy sexy. Pichi recogió los regalos esparcidos por el salón, y guiñó el ojo a su amiga, que se llamaba Rebeca. Ambas hicieron mutis por una puerta decorada con gravados moriscos que se doblaba en tres partes. Cuando todo el mundo bailaba y se entretenía contándose las últimas batallitas, perdí de vista a Lulú y me deslicé por el hueco de la puerta haciéndome el despistado, como siguiendo el conejo blanco de Alicia, para en realidad encontrarme con las mieles de Pichi y Rebeca.

Allí estaban ambas, estiradas en la cama, realizando un acto de entrega total en las que sus cuerpos, empapados de sudor, resbalaban al contacto de sus piernas, sus caderas y sus pezones erizados. Creyeron que yo era un Dios del Viento de envolvente olor a jazmín, y me hicieron quitarme la ropa y deslizarme a través de la cama junto a ellas. Ninguno de los tres pretendíamos poner límites a aquella situación tan excitante y placentera. Rebeca me daba de beber de una botella de ron, y a su vez yo transportaba el licor hasta la boca de Pichi, mientras le acariciaba de un modo profundo su mundo interior, con tres dedos de mi mano izquierda.

Por estos derroteros transcurría el cumpleaños de la amiga de Lulú, a la que había dejado completamente abandonada a merced de los avatares de una situación forzosa, que ella no había escogido. Yo me revolvía en la cama con ambas féminas, desenvolviéndome gustosamente en una relación iniciática, que sin duda estaría dispuesto a repetir en cualquier otro momento. Una válvula de escape para la estresante vida de un investigador, que me recolocaba de nuevo en mi mismo, en un olvidado papel de seductor, de amante noctámbulo de clase A.

No voy a narrar el modo en el que acabó la noche, porque es un recuerdo que prefiero guardármelo para mí y no compartir con nadie más. Lulú me acompañó a casa y se ha quedado a dormir. Me pide constantemente que le explique historias al oído, sobre todo que le cuente todo lo referente a mis escarceos sexuales. Desnudos bajo un puñado de mantas, me abrazo a su cuello como si de una nube alcanzada al vuelo se tratase. Me duermo entre flores, explicándole toda la verdad y nada más que la verdad. Siempre me pasa cuando estoy en ese punto entre el sueño y la vigilia, entre la ficción y la realidad.

Interludio de una investigación

Interludio de una investigación

La vida de un detective es sumamente ajetreada. La intensidad con la que se han ido sucediendo las últimas noches no me han permitido mantener una continuidad en el trabajo. X no ha parado de dejarme mensajes en el contestador, tengo muchísimas llamadas perdidas de él en mi teléfono móvil. Seveline es una niña muerta y Diana continua sin aparecer. No hay más datos, no han aparecido más pistas, yo no he podido extraer conclusiones que nos ayuden a avanzar y X tiene una profunda crisis matrimonial.

En cuanto a mí, he de confesar que he decidido tomarme unos días de descanso y apartarme de la investigación. Es cierto que cuando te encuentras demasiado implicado en un caso a menudo hay que guardar cierta distancia para analizar los hechos con objetividad. No sabría decir con certeza si continúan vigilando mi apartamento. He dormido la mayoría de las noches en la alegoría kistch de Parálisis Permanente y al volver al mediodía a casa no he encontrado ni rastro del coche de la mujer morena. Eso sí, mi buzón siempre está lleno de cartas sin remitente, mensajes en clave, códigos cifrados y dvd’s que compro por Internet.

Algo me empujó ayer a retomar con fuerza la investigación. Mis contactos me han informado de que los padres de Seveline se han marchado unos días de la ciudad. Me he colado en casa de la pequeña con la intención de revisar a fondo su habitación. La policía ya la examinó en su día, pero sé con certeza que no lo hicieron de un modo riguroso. El cuerpo policial de esta ciudad está completamente corrupto, al igual que otros círculos profesionales. Tengo el privilegio de trabajar por mi cuenta y de no estar encasillado en ningún gremio, en ningún mundillo, en ninguna farándula de extravagancia circense. De nuevo me colaba en la habitación de un niño muerto, esta vez sin la intención de grabar cacofonías y sin la compañía de X. Sólo con mis pensamientos y la solemnidad del silencio.

Me he quedado encandilado con los libros de Seveline. Colecciones enteras de cuentos, una edición maravillosa de El Principito y otras obras como El Viento en los Sauces y algunas comedias en prosa de Miguel de Cervantes como A un embuste, otro mayor. Una niña de doce años que profusa una pasión desbordante por la lectura… me acuerdo de una conversación que mantuve con Diana la noche que vino a mi casa en busca de refugio. Hablamos de libros y de momentos que recordaba de su infancia; quizás su habitación cuando era una niña se pareciese mucho a la de Seveline. No paro de encontrar conexiones entre ambas, ahora convertidas en fantasmas, atrapadas, retenidas en una dimensión caótica e incomprensible, indescifrable en sus rincones olvidados y sus largos pasillos de mármol reluciente.

De repente ha caído un pedazo de papel mientras ojeaba uno de los libros. Se trata de la caligrafía de Seveline que en algún momento, durante su vida anterior, escribió lo siguiente: “La vida es un río, sucio y lleno de pirañas. No merece la pena surcar tal maraña. Prefiero que te quedes tú el bote construido con madera y paja, no vaya a ser que lo devoren las arañas del agua / Y en el despertar de mi nueva vida no habrán ni peces ni agua, tan sólo la brisa serena que se respira en las montañas. Quiero ser la extraña que se alegra al volver a casa”. Y en lugar de firmar con su nombre, una explosión de flores de largos pétalos se arremolina en la parte inferior del papel, dibujadas con detalle con un lápiz del número cinco.

Me guardo el pequeño manuscrito y acabo de inspeccionar la casa. Sin ninguna otra novedad importante salgo deslizándome como un fantasma, deshaciendo el mismo camino que tomé para llegar hasta aquí. Supongo que ahora lo único que podría hacer es ir al cementerio y visitar la tumba de la pequeña Seveline, más muerta y más incomprendida que nunca. El misterio que encierra su asesinato es una maraña laberíntica, a través de la cual encontramos pinceladas de su personalidad y nos hacemos una idea de cómo fue ella en vida. Los fantasmas se han encargado de difuminar su forma de ser y diluir su sonrisa angelical. Me esfuerzo por comprender que ha podido pasar para que todo haya salido tan mal. Siento que nunca hay bóvedas lo suficientemente altas para ser celestiales, ni mazmorras  lo suficientemente profundas para considerarse infernales.         

Voces perdidas

Voces perdidas

Domingo, 29 de enero

Durante los años ochenta, las ciudades se inventaban por sí mismas de forma continuada. Antros, discotecas, fiestas y vicios recorrían las calles aclamando la era de la libertad de pensar y de amar. Los que vivieron esa época intensamente dicen que entonces sí que merecía la pena drogarse. El éxtasis, los ácidos, la cocaína... era entonces el momento de la Gran Ciudad, de ser cosmopolita, de abrir la mente. Aquellos que estuvieron maravillosamente enganchados a algunas de estas drogas recuerdan los años ochenta en este momento de crisis total de la identidad, y se retiran de las grandes ciudades, enrolados en una guerra diferente. París, Londres, Barcelona e incluso Nueva York, son todas ciudades ya aburridas y sin ningún aliciente para ellos. Lo peor es que las nuevas generaciones no hacen nada para cambiarlo.  

Defender el arte y la cultura requiere un compromiso, una implicación. No puedes pensar que formas parte de la cultura si no produces cultura, si todavía no encuentras el registro mediante el cual expresarte. En toda investigación lo primero que se debe llevar a cabo es eliminar los resortes de la incomunicación, que se encuentran fuertemente anclados en varias esferas de la sociedad y de las relaciones humanas del hombre sin identidad. Mirada penetrante. Pongámonos serios. Señalemos con el dedo lo que no nos gusta. Escapad de la frustración como primer paso necesario hacia la libertad individual.

Soy un investigador, un observador, no lo puedo evitar. Debido a esta naturaleza me veo continuamente envuelto en lugares y situaciones poco usuales. Lucho continuamente por mantener la gentileza, porque creo que es uno de los atributos más imperecederos que existen, pero a veces no puedo evitar enfadarme. X me invitó a presenciar un experimento científico que yo desconocía y me pareció de lo más interesante: la grabación de psicofonías en Can Mata, una finca abandonada que se encuentra en la carretera de la Rabassada, justo en la ladera oeste de la montaña del Tibidabo, donde fusilaban a los republicanos durante la Guerra Civil.  

Hablamos en un café, y me explicó que sería un trabajo de campo de lo más recurrente y que nos serviría de experiencia para continuar con el caso que nos traíamos entre manos. Como veis, las grandes ciudades se pierden en las crisis de los valores y de las identidades, y comienzan ha aparecer fantasmas en las casas deshabitadas. Qué signo más inequívoco de los tiempos modernos, y qué gran objeto de estudio. Hice alarde de mi mejor gentileza y nos acercamos a su casa en mi coche para recoger las herramientas de trabajo: grabadoras, infrarrojos, sulfatos, pinceles, cámaras fotográficas y dos trípodes.

Esa era nuestra forma de contribuir al arte, fotografiando fantasmas, grabando sus conversaciones. X me enseñó por encima el procedimiento habitual antes de entrar en el caserón abandonado. No nos costó demasiado forzar la puerta. Subimos por los peldaños de la escalera de madera que crujían bajo nuestras pisadas hacia la segunda planta. Entramos en la habitación de un niño. Las paredes conservaban restos de un papel macilento con dibujos de globos y payasos. Colocamos los utensilios, pusimos en marcha la grabadora y el infrarrojo. X y yo nos sentamos en el suelo polvoriento, a liarnos un jalandro y esperar a ver qué pasaba. 

Efectivamente, a los tres cuartos de hora y justo cuando me empezaba a entrar sueño, el pitido del infrarrojo nos alertó. X dio marcha atrás al magnetófono y pulsó play. Oímos con claridad la voz de un niño que llamaba a sus padres con tono de preocupación. “¿Papá? ¿Mamá?... ¿Papá? ¿Mamá?”. Se me erizaron los pelos de la nuca y en ese momento me acordé del desagradable episodio en el bosque cuando andábamos tras la pista de Diana. Escuchar a un fantasma es espeluznante, pero me interesa conocer más acerca de ellos, ya que por lo visto juegan un papel importante en el caso de la niña desaparecida.  

A veces me pregunto por qué empecé a escribir un diario íntimo, por qué tengo la necesidad de recapitular sobre papel los acontecimientos de mi vida. Sin duda, la respuesta a esta pregunta tan sólo la puedo saber yo con certeza. De momento creo que tiene mucho que ver con los fantasmas, puesto que yo también terminaré siendo uno de ellos y no quiero que se me olvide lo que hice mientras estaba vivo. La vida está separada de la muerte por una línea muy fina, tanto que a veces es posible acceder a un punto que se encuentra entre los dos mundos. Reviso la cinta y las fotos que hemos hecho de la casa, y escucho una vez más la frágil voz de ese niño perdido en un plano distinto al que nos hallamos. Una dimensión que está adquiriendo forma y que nos atrapará mientras buscamos a la persona que más amamos. ¿La encontraremos entonces?

Fuego y nieve

Fuego y nieve

Jueves, 26 de enero

Bajé la guardia y bebí más copas de la cuenta con Parálisis Permanente. La película había sido tan aburrida que necesitaba un tratamiento de choque rápido e indoloro. Hicimos una mezcla rara de bares y licores, una ruta nocturna peculiar por los suburbios de la ciudad, mucho más húmeda que nunca. Me confesó que ella también espera que pase un tornado, pero ha leído algo al respecto y cree que es bastante improbable que ocurra algo así en Barcelona, por lo menos en esta década.  

He descubierto que los Happy Mondays, por encima de ninguna otra banda musical, me transportan a sitios donde no había estado antes, o que no recordaba.  Escucharlos me ha despertado algo en el interior que me empuja a llevar un ritmo de vida nocturno mucho más inconsciente, sin preocuparme del trabajo del día siguiente. Desde hace dos días me encuentro tan ricamente flotando a través de la noche, que comienzo a ver más claros algunos aspectos de la investigación que no acababan de ver la luz.

La fiesta donde nos metimos el jueves era en un piso de la calle Escudellers, después de ponernos cinco gintonics por bandera en el antro más oscuro de la ciudad, donde se permitía fumar hachís, marihuana y creo que incluso opio si lo hubiéramos encontrado. Sin duda alguna, los Happy Mondays me habían conducido hasta allí. Cuando me quedo atrapado en fiestas de este tipo, mis pensamientos van todavía más rápido que de costumbre y comienzo a tener revelaciones que apunto en pedazos de papel. Sé que después serán útiles a la hora de encontrar nuevas pistas que arrojen claridad a la difícil situación que atraviesan las personas implicadas en el caso de la pequeña Seveline.  

Totalmente dispuesto a darlo todo dado el estado en el que me hallaba, me fusioné con el resto de la gente que se balanceaba en el comedor con una sesión de Carl Cox grabada de la radio. Las paredes iban cambiando de color, en función de los estados que íbamos atravesando a lo largo de la noche. Mi compañía era de lo más agradable, olvidé su nombre, me centré tan sólo en los abrazos y achuchones. No hay forma más dulce de librarse de los fantasmas y las alucinaciones.

Mientras amanecía se ha puesto a nevar. De camino a su casa por el barrio chino, dos macarras han salido a nuestro paso con una navaja. Ambos tenían una pinta horripilante, parecían dos orcos con ganas de comer carne fresca.  A pesar de que iba todavía algo embriagado me he puesto en guardia, con una mano sobre la pistola aunque sin ningún ánimo de malgastar una sola bala con aquellos dos desgraciados. De repente, Parálisis me ha enseñado nuevos atributos de ella que yo desconocía. Ha reducido a ambos delincuentes, con una patada voladora y un puñetazo demoledor. Varias muelas ensangrentadas han caído en la nieve, que iba cuajando tímidamente en el suelo formando una alfombra blanca.

Me encantan las mujeres con esa capacidad de reacción para afrontar lo inesperado. Quizás tenga algo que ver la exótica confesión que me hizo mientras bailábamos en la fiesta. Me dijo que  siendo una niña, comenzó a masturbarse viendo Twin Peaks. Supongo que no habrá parado desde entonces. Deseaba de nuevo encontrarme en esa habitación, visitar su lavabo de decoración kitsch, tomarle medidas a su cama de sábanas rosas y hablar con ella sobre quién mató a Laura Palmer. Era una preciosa mañana de nieve para hacerlo. 

Ciudades inclinadas

Ciudades inclinadas

Martes, 24 de enero

Supongamos que un huracán arrasara Barcelona. Las palmeras de la Diagonal se partirían por la mitad. Los coches arrastrados por la furia de la fuerza centrípeta, esparcidos como chatarra por las calles, acogerían también los restos de los edificios derrumbados, los amasijos de hierro, los cristales de los grandes ventanales.  

El mar se abriría camino en olas devastadoras, que tirarían abajo la estatua de Colón e inundarían todo el distrito de Ciutat Vella. La gente, los ciudadanos, sorprendidos por el huracán entre semana, mientras trabajan o lo intentan, sin poder marchar a su segunda residencia, morirían todos ahogados, sumergidos, aplastados, completamente calcinados, fusionada la carne propia con los cables de tensión, los postes telefónicos, las vías retorcidas del tranvía y el ferrocarril.

El problema sentimental de X ha empezado a interferir en la búsqueda de Diana. Hoy no ha podido acudir conmigo a la reunión con el forense, debido a la delicada situación que atraviesa con su mujer. No han funcionado las sucesivas excusas que desde unos meses para acá X le está poniendo a su esposa, para ocultarle que tiene una amante. Ni yo conociéndole personalmente y dedicándome a la investigación profesional me había dado cuenta. Cuando digo que X es un tipo reservado, os lo digo muy en serio.   

La mujer de X ha acabado en el Hospital, debido a un profundo ataque de celos. Pero antes de eso, ha destrozado el estudio de mi amigo, ha intentado quemar sus archivos y sus libros de filosofía, ha pateado sus frascos químicos, con compuestos que yo mismo había preparado para que él los utilizara. X ha intentado calmarla pero no lo ha logrado. A cambio ella le ha arañado la cara y le ha cosido a puñetazos. Por supuesto, X se ha dejado. Para cuando yo le he llamado ya era demasiado tarde. Me ha explicado por encima la situación y se ha excusado de no poder venir. Al menos no se han perdido ninguna de las pistas que guardaba él en su casa, y eso me alivia.

El forense me acaba de dar el parte de uno de los cuerpos que encontraron en un piso de Hospitalet, donde se había llevado a cabo uno de esos extraños rituales, como el que descubrimos el domingo. La víctima, un hombre de 52 años, trabajador en una editorial de libros de texto, fue hallado con una elevadísima concentración de barbitúricos en la sangre, muerto, asfixiado en su propio vómito.  No he perdido el control hasta este punto, pero el mundo se ha puesto del revés cuando el forense me ha puesto al día del hallazgo en el interior de su cuerpo.  

En el estómago escondía una pequeña pelota de plástico, la cual se apresuraron a abrir. Dentro han encontrado una fotografía doblada en la que aparecemos Diana y yo en un parque, durante una luminosa mañana, mucho más jóvenes de cómo ahora somos, los dos sonrientes y con gafas de sol. Mi primera reacción ha sido de pánico, alguien pretende asustarme y no solo eso, aparentemente yo conocía a Diana pero... ¿cuándo nos hicimos esa foto? ¿quién nos la hizo?

Espero que este mensaje en clave no tenga consecuencias negativas, espero que encontrar una foto mía en el interior de un estómago no quiera decir que alguien quiere practicar el canibalismo conmigo o algo así. Es un poco tarde, cierro con llave la puerta del apartamento, me aseguro de echar el cerrojo a todas las ventanas. Ha sido demasiado por hoy y mañana he de escuchar la evolución de la situación de X con su mujer, en alguna cafetería de esta Barcelona, ciudad devastada.

Rituales del hombre contemporáneo

Rituales del hombre contemporáneo

Domingo, 22 de enero

Por la tarde nos movimos por los suburbios de la ciudad, en una zona limítrofe con Hospitalet donde hay un campo lleno de yonkis y putas. El bloque de viviendas industriales donde entramos era tan decadente como tan sólo el paso de los años te pueden hacer. El ascensor paraba en la planta sexta y en el ático, otras seis plantas más arriba. Los accesos a los pisos llevaban consigo un laborioso camino de subir y bajar escaleras, recorrer pasillos a oscuras y esquivar bolsas de basura lanzadas por los vecinos.    

Entramos en un piso donde sonaban los Sun Kill Moon, y el eco de las notas musicales a través de la galería impregnaba  al edificio de una decrepitud todavía más peculiar, que evocaba a la melancolía que siente el pintor cuando no encuentra ninguna musa que sea capaz de inspirarle en la composición de un nuevo color. Palpé el lateral de mi chaqueta, ahí debajo llevaba el arma. Esta vez si que había salido a la calle como Travis, en medio de una ciudad corrupta y repleta de fantasmas. 

X me cubría las espaldas y yo avanzaba, empuñando la Colt del 55. Deberían ser las siete de la tarde, pero la noche lo ocupaba todo. No sabíamos si íbamos tras la pista correcta, las conclusiones de X debían de ser las más acertadas ya que era él el experto en los trasuntos de la muerte. Efectivamente, nos encontrábamos en la boca del lobo de forma consciente, tal era nuestro afán por conseguir otra nueva pista que arrojara luz a nuestra investigación.  

El salón estaba repleto de velas, la mayoría aún encendidas, y habían restos del ritual por todos lados. X comenzó a recoger algunas muestras para analizar posteriormente, mientras mantenía una discusión sobre el punto de vista de Heidegger sobre el nihilismo. Sin duda una postura que se mantiene vigente y se radicaliza en nuestros días, en los que asistimos a la paulatina deshumanización de los hombres al convertirse éstos en valores, y no en personas.

Hay gente que tiene talento para crear, y gente que tiene talento para destruir. Son dos conceptos distintos que te conducen a lugares diferentes. Para acabar con todo a veces se necesita ser tremendamente imaginativo, como los salvajes que habían llevado a cabo aquél acto aberrante como ofrenda a algún tipo de divinidad de escaparate. Habían repugnantes restos de carne de animal esparcidos por el pasillo, en las paredes habían dibujado extraños caracteres en sangre, habían pastillas encima de la mesa redonda del salón y todo olía a aceite quemado y a una extraña esencia de flores del campo. 

Hice fotos y tracé con X un esquema sobre un mapa de Barcelona indicando los puntos dónde estaban ocurriendo este tipo de actividades. Nos hallábamos en los albores de un descubrimiento mucho más profundo y consciente, para el que de momento no estábamos preparados o por lo menos yo no me sentía preparado. Nos largamos de allí y llamamos a la pasma, que como siempre son los últimos en enterarse de lo que pasa delante de sus propias narices.

De nuevo están bajando las temperaturas. En el estudio habría que poner otra estufa, sobre todo para pasar las largas veladas de diez y doce horas hipnotizado en frente de la gran pantalla. Acabo de redactar un informe del día para pasárselo a X y oír sus comentarios. La música de Tindersticks comienza a sonar con los títulos de crédito de Trouble Every Day. Casi me olvido de lo que ha pasado hoy y me impregno de la elegancia de esta salvaje exaltación de la pasión humana que me remueve los instintos, que me aleja de las sentencias de Heidegger y me hace ser más libre.   

Justo cuando llueven jaulas del cielo. 

With a little help of my friends

With a little help of my friends

Viernes, 20 de enero

Estuve a punto de salir a la calle como Travis, con gafas de sol y cargado de armas. He de aprovechar el fin de semana para descansar pero las horas de sueño son imprecisas de determinar tratándose de una temporada tan reveladora. No puedo decirle adiós a la noche, las mejores flores se abren a esas horas.  

Bajé al centro, para dejar que el caso pasara inadvertido por unas horas. Mi casa no necesita ningún exorcismo de momento, así que puedo invitar a cualquier extraña a enseñarle mi colección de películas de detectives o explicarle como hacen los psicópatas para deshacer un cadáver sin que quede ni rastro. Un proceso entretenido.

De nuevo con Herman Düne aparco justo delante del bar para dirigirme a una fiesta para gente moderna, promovida por la organización de un evento singular en el que se alaba la sencillez de una tostada untada en mantequilla. Ya he estado en sitios así antes y sé de qué está llena toda esta gente. Me regalan una chapa al entrar. Cool.  

En medio de la sala cuelga una gigantesca lámpara de araña, y la gente que baila debajo queda iluminada por pequeños puntos de luz que saltan de cuerpo a cuerpo, en un movimiento rotatorio. Es como estar dentro de una pecera. No recuerdo los nombres de las personas con las que he entrado a la gran fiesta, pero sí que recuerdo a Betsy, que se parece a esa chica rubia que me mira sentada en un rincón, y también a Iris, que es casi igual a esta otra que baila a mi lado. Iris, no puedo hacer nada por ti, no te puedo pagar el billete de vuelta para que regreses a casa de tus padres, pero quizás pueda acompañarte en el misterio de esta noche.

Siento el móvil que vibra en mi bolsillo al recibir un mensaje. “Siempre son los malos tiempos y siempre son los buenos. El portal se abre en: Bruc 141, esquina Ronda de San Pere”. De nuevo otro mensaje en clave de los que a mí me gustan. Salgo fuera de la fiesta, me enrollo uno de estos y cojo un taxi hacia la inspirada dirección.  

Se trata de una importante compañía discográfica, Good&Bad Records. Historia y destino se unen a veces para brindar estos curiosos estados que sin duda se acercan a la experiencia mística y en los que caigo una y otra vez. Me presentan a la banda que están a punto de lanzar al mercado -de nuevo más modernez a mi alrededor- y me dejo llevar sin remedio por la música y el verdadero grooving, que resultó que estaban en ese piso de la calle Bruc y no en la discoteca de la calle del Tigre.

El nombre de la fiesta era:  KILL THE DJ. Así lo hicimos, Iris et moi.

Cómo poner un pie en el Más Allá

Cómo poner un pie en el Más Allá

Martes, 17 de enero

Por fin he leído la correspondencia. Entre las cartas hay una postal de Lulú, que me escribe desde Australia para decirme que se encuentra algo aburrida en las Antípodas, rodeada de tanto canguro saltarín. Yo mientras tanto intento reponerme de las emociones de los últimos días, estoy bastante enfrascado en varios experimentos que llevo a cabo con sumo cuidado ya que cualquier descuido  podría hacer volar mi apartamento por los aires.  

De fondo se oye a Herman Düne, un descubrimiento reciente y con el que me siento completamente identificado. Aunque todo está muy desordenado se respira un ambiente tranquilo en casa, me gusta cuando se oye música de fondo, el incienso está encendido y yo tengo algún entretenimiento entre manos. He revisado algunos manuales de mi biblioteca, entre ellos diversos tratados sobre ciencias cabalísticas y uno muy interesante sobre Pin-up’s e iconos sexuales de los años 70. No recordaba lo maravillosas que eran aquellas jóvenes, algunas de ellas atadas de pies y manos y con una mordaza en la boca. Bellezas así no pueden verse más que en la gran pantalla.

No quería que mi atención estuviera demasiado tiempo centrada en aquellos deliciosos entretenimientos, y volví rápidamente a concentrarme en el experimento que tenía entre manos. Dejé el libro de pin-up’s a un lado para volver a él más tarde y puse sobre el escritorio el manual de Cabalística y Ciencias Ocultas. La chaqueta verde de Diana estaba sobre el banco de trabajo, metida en una bolsa de plástico. La saqué con extremo cuidado y la desplegué sobre la mesa, debajo de una bombilla que me permitía escudriñar con sumo detalle el tejido y las manchas de sangre que hallé en el bosque, gracias a un truco que leí en una de las aventuras de Sherlock Holmes. 

El manual decía los componentes sanguíneos de diversas criaturas, pero no era eso lo que buscaba. Había comenzado a analizar la sangre, y no coincidía con la de Diana. Uno de los componentes era sulfato de  aminotranseminasa, una sustancia que no es compatible con el riego sanguíneo humano. Seguí leyendo hasta que di con lo que buscaba. En las apariciones corpóreas de entes que se encuentran en un plano diferente al nuestro, si se trata de una manifestación negativa -de rencor o venganza- se libera sangre impregnada de este sulfato. A Diana le había estallado la bomba justo cuando yo la perseguía por el bosque, y lo que le salió al acecho sin duda se la había llevado consigo.

Anoto estas conclusiones en mi libreta de paperchase, para tenerlas en cuenta más adelante. El funcionamiento de la razón humana es cíclico, y ha de ir avanzando en círculos para poder avanzar realmente. Las deducciones del pasado han de revisitarse a menudo, para acoplar a ellas los nuevos descubrimientos, y así ir construyendo la investigación. No es prematuro avanzar ya que el trabajo de un investigador privado es todo un arte y por tanto, imita de igual forma a la vida. No sabemos todavía en qué punto del círculo nos encontramos, ni lo sabremos hasta que volvamos a vernos encerrados en la misma situación. En ocasiones no nos queda más remedio que lanzar los brazos a los demás desde otros hemisferios, a veces separados por océanos de tiempo.

La amenaza fantasma

La amenaza fantasma

Lunes, 16 de enero

Durante la tarde vino a buscarme X. Hablamos por la mañana, justo cuando yo emulaba a Sherlock Holmes en mi apartamento realizando un experimento con ácido carbónico, para conseguir pigmentar pequeñas cantidades de sangre imperceptibles al estar diluidas en agua. Habíamos quedado en acercarnos a merodear por la zona donde vi a Diana por última vez, dónde sabíamos que había desaparecido de algún modo, convencidos de encontrar el portal que conducía al lugar donde se hallaba en estos momentos, y desde donde nos había pedido ayuda a través de su fantasmagórica presencia usando la tabla ouija como medio de transmisión.  

Era imposible que Diana estuviera muerta. Los fantasmas de La Zona que la mantenían aprisionada se encargaban de que, aparentemente, creyéramos que se había evaporado para siempre. X aparcó en el arcén de la carretera, saltamos la valla y bajamos hacia el bosque que en apariencia se presentaba algo diferente respecto la noche anterior. X también tenía un intercomunicador fluorescente en uno de sus bolsillos. Él es el experto en casos paranormales así que era natural. Me pregunto con qué fantasmas se comunicaría a través de aquél curioso aparato.  

Seguimos un sendero estrecho por donde yo recordaba haber visto correr a Diana. Encendí mi linterna al adentrarnos en la frondosidad del campo, ya que los árboles opacaban la luz natural de la luna llena. X llevaba un buen rato en silencio, cosa que me pareció extraña. “¿Has podido ver algo que te llame la atención?”, pregunté en voz baja. “De momento no veo nada. Pero siento una fuerza, hay algo en este bosque. No sé si deberíamos continuar”. ¿Por qué me diría eso? Precisamente había sido él quién había insistido en inspeccionar la zona. ¿Dar ahora marcha atrás? De eso nada.  

Fue entonces cuando me fijé en un extraño bulto en el suelo, unos metros delante de mí. La cazadora verde de Diana se encontraba arremolinada detrás de unas hierbas, hecha un guiñapo y absolutamente llena de barro. Me apresuré a recogerla y saqué de mi bolsillo una muestra del experimento que había desarrollado en mi casa aquella mañana. Llevaba el líquido en un pequeño frasco pulverizador, que apliqué por toda la chaqueta. Efectivamente, los restos de sangre coagulada, imperceptible al estar mezclada con el barro y la lluvia, se tornaron de color amarillo al contacto con el líquido. Ahora solo nos faltaba saber si aquella sangre pertenecía a Diana o a otra persona.

Una aparición fantasmagórica puede ser de diferentes índoles, dependiendo de si el aparecido proviene de la luz o de las tinieblas, de si lo que le retiene en este mundo es el amor o el odio. En ocasiones, el fantasma no tiene porqué presentarse con la totalidad de su cuerpo, pudiendo hacerlo tan sólo con fragmentos de éste: las manos, el rostro... La cara que nos observaba junto aquél árbol pertenecía a una niña. Yo la vi antes que X. El rostro de una niña de largos cabellos, flotaba en el aire y nos observaba con seriedad.  
 

“Diana es nuestra” dijo con voz angelical. “Si se os ocurre pedir ayuda para que la devolvamos a vuestro mundo, os castigaremos”. Tragué saliva. Realmente nos encontramos ante un asunto feo en el que fuerzas que se escapan a la lógica humana maquinan en contra de nosotros. El rostro se esfumó con una sonrisa y nosotros también,  pero con el pelo erizado y con expresión de angustia. No estoy acostumbrado a que me amenacen de ese modo. X tampoco.

 Un dato más que añadir en el caso de la niña desaparecida. Evidentemente la conexión entre Diana y la pequeña Seveline es clara. No me gustaría volver a tener pesadillas recurrentes sobre este tema como la de la noche del cinco de diciembre, ni tener que adentrarme en este mundo de maníacos sectarios, ni enfrentarme a fantasmas o seres que no se comportan con el perfil del delincuente habitual. No quiero por favor, no no....                                                                                                                                                                 
                                                                                

El Punk no ha muerto

El Punk no ha muerto

Viernes, 13 de enero

Hace unos días que no consigo mantener una disciplina seria de trabajo. Las cartas se han acumulado en mi buzón, que traga a diario correspondencia sin remitente. La ciudad parece más solitaria este fin de semana, quizás la gente no se atreva a salir por temor a gastar, resentidos los bolsillos de los excesos navideños. Para un detective no puede existir cuesta de enero, y menos en lo que a cuestiones de dinero se refiere. Así pues ahí estaba yo el viernes por la noche, en los solitarios bares de Barcelona, bebiendo alcohol y manteniendo un diálogo interior. 

Estuve a punto de llamar a alguna de mis flores de invernadero, pero  preferí mostrarme solo en el escaparate nocturno de la metrópolis esperanzado con la idea de que me toparía con la pieza perfecta. La camarera del antro donde me había metido llevaba una camiseta negra, medio rota, con la portada de un disco de Parálisis Permanente en la parte de delante. Declaración de principios sin duda, en estos días la actitud cuenta más de lo que muchos se creen.

Si por algo me hice detective, es por la maravillosa capacidad de introspección que poseo desde niño. Esta virtud me permite ser analítico con las situaciones, y diseccionarlas hasta encontrar la raíz del misterio  o alguna pista que pueda reconducir mi búsqueda. Introspectivo estaba yo esa noche, y alguien vino a distraerme de mi ensimismamiento. La camiseta de Parálisis me preguntaba si quería otra copa. Me sirvió otro whisky con hielo y añadió: “ésta invita la casa”.  

No me despegué de la barra, y siguiendo mi olfato, permanecí allí hasta que estuvieron a punto de cerrar, a las cuatro menos cuarto de la madrugada. Convenía ser cauto y no ahuyentar a mi posible ligue con poses innecesarias o verborrea excesiva. A mí también me iba el movimiento punk y el ir contra todo lo establecido, así que se lo hice entrever, para marcharnos juntos a matar cualquier pensamiento racional y centrarnos en lo que verdaderamente importa.

Prefería que lo hiciéramos en su casa en lugar de la mía, por proximidad y porque tenía todo tipo de juguetes sexuales que me pidió que usáramos. Siempre han despertado cierta curiosidad en mí la utilización de esos objetos, y esa noche hice un curso avanzado, impregnando su cuerpo de cremas, lubricantes y otros afrodisíacos que ella tenía escondidos en la mesita de noche.   

Tras la sesión de sexo me duché en su lavabo de decoración kitsch y compartimos un cigarrillo aliñado, como sello indiscutible de un episodio sublime de nuestra educación sentimental. Hemos quedado en volvernos a ver, me ha dejado unos cd’s de música post-punk  y ahora voy a ponerme a escuchar uno de ellos. Música para evadirme de mi trabajo. Sexo para seguir investigando.

Cosas de detectives

Cosas de detectives

Jueves, 12 de enero

Sherlock Holmes compartía piso con el Doctor Watson en un apartamento de Baker Street, una vez cruzada Marylebone Road, justo al lado de la salida oeste de Regent’s Park. Esto no es Londres ni yo comparto piso con nadie, pero muchas veces pienso en las aventuras de uno de mis detectives preferidos y establezco paralelismos en la interesante forma de deducir y descubrir pistas que tenían él y su avispado compañero, héroes literarios de mi niñez y modelos ejemplares para cualquier investigador.  

Todos los días hay alguna mujer que llama. Me pongo en la piel de Sherlock Holmes, y me acuerdo de la forma que tenía él de tratar a las damas. Evitaba el compromiso con distinción, y cuando la intensidad de sus aventuras aflojaban y le permitían llevar a cabo algún escarceo amoroso, siempre era con mujeres que poseían alguna enorme virtud. Vuelvo a leer algunos fragmentos de sus aventuras que tenía olvidados, y destapo de algún modo cierta intencionalidad oculta en la narrativa de Sir Arthur Conan Doyle que no había percibido en mis primeros paseos por Estudio en Escarlata o El signo de los cuatro. 

Cualquier buen detective seductor sabe extraer lo mejor de cada uno de sus ligues, desaparecer de escena como un verdadero Houdini y dejarlas después con la sensación de creerse auténticas diosas. La virtud de las mujeres es la mayor invención de los hombres, ya lo decía Oscar Wilde.  

Como os explicaba antes, todos los días hay alguna mujer que llama. No sé si será por el estrés de los acontecimientos recientes o porque estoy perdiendo la capacidad de interesarme por la gente que hay a mi alrededor, pero no soy capaz de ver más de dos veces seguidas a ninguna de mis talentosas admiradoras que pican a mi puerta a diario, cargadas de las más diversas propuestas: fiestas nocturnas, fines de semana en lugares exóticos, visitas culturales, conciertos... Si ya estuvisteis entre mis brazos alguna vez, la continuación se hace muy poco probable. Aunque todas oléis muy bien.

La aparente normalidad de los últimos dos días no es más que el preludio de algún nuevo ataque de las fuerzas negativas que controlan el mundo de las sombras. He montado un pequeño laboratorio en mi casa, y en él me recreo realizando experimentos que puedan serme útiles en mis investigaciones. Conocer los compuestos químicos y las leyes de la física, haber navegado por las memorias de Arthur Conan Doyle y otras grandes obras decimonónicas, encontrarle el punto a los estados alterados de la conciencia y soñar cada día, esas son, para mí, las claves imprescindibles que ha de poseer cualquier investigador. Voilà. 

Señales

Señales

Martes, 9 de enero

Ya expliqué mi encuentro nocturno con Raquel, un ser de la noche como yo al que hemos dejado dormir en el regazo de las sombras hasta el momento. Ayer me llamó para que le hiciera una visita, y porque tenía la necesidad de contarme algo íntimo y no se sentía con el suficiente valor como para comunicárselo a nadie más. Raquel está completamente convencida  de que hay un fantasma en su casa, en su piso de la calle Joaquim Costa. Y tenía pruebas para demostrarlo.  

Sobre la mesa del comedor tenía una tabla ouija tallada de madera. Me quedé asombrado al verla, y me dijo: “Esta mierda es de mi exnovio. Estaba obsesionado con todo este tema y algunos días la hacía servir cuando sabía que yo no iba a venir a casa”. Nunca me había hablado de sus ex –me parecía raro ya que todas lo hacen-, pero se veía ahora en una situación comprometida, y la única persona que ella conocía a la que podía pedir ayuda en algo así era yo, Jacques Clochard.

“Bueno y... ¿estás segura de que se ha quedado algún espíritu en tu casa?”, pregunté. “¿Qué si estoy segura? Por Dios Jaques estoy jodidamente segura. Mira esto”. Se dirigió a la puerta de la cocina que estaba cerrada. De repente dijo “Hola soy Raquel, la habitante de esta casa. ¿Estás por aquí? Si es así abre la puerta de la cocina”. Las bisagras andaban algo faltas de lubricante, y emitieron un sonoro nyiiiiiiieeeeeeeeekk cuando la puerta se abrió lentamente, de forma automática.  

“Por las noches no para de joder”. Desde luego –pensé- es mucho peor que el sonido de las gotas que caen en el salpicadero cuando la tubería anda algo floja-. “Y lo peor no es eso. Quizás quiera algo de mí, mi alma o alguna mierda así”. Llamé a X rápidamente y se presentó en el piso de Raquel al cabo de quince minutos. Ya sabéis que X es, además de profesor de la Universidad de Filosofía, investigador experto en casos paranormales. “Me hago cargo de la situación” dijo X. Puso sus manos sobre el tablero ouija y cerró los ojos en señal de concentración.

Ha sido impactante ver a X pasar por ese trance. Cuando ha abierto de nuevo los ojos, los tenía absolutamente de color blanco, como un poseso de Sam Raimi. Su voz sonaba de ultratumba. “Manifiéstate. Dinos quién eres”. El indicador de madera ha adquirido vida por sí mismo y ha señalado: D-I-A-N-A. No sé si habrán notado como palidecía mi rostro. Raquel estaba tan alucinada como yo viendo a X hacer su trabajo, y X estaba completamente poseído por el tablero. No he podido quedarme callado. “¡Diana! ¿Dónde te encuentras? ¿Estás bien?” El tablero ha marcado: A-Y-U-D-A.   

En ese momento X ha regresado de su trance, sus ojos han vuelto a ser normales y ha apartado las manos de la tabla como si le quemaran. Ambos nos hemos quedado callados un segundo, como intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. X se ha llevado la tabla y Raquel se ha quedado más tranquila. No se presencian todos los días sesiones de espiritismo en el comedor de la casa de uno, y le he dicho que volveríamos al día siguiente para ver si todo había pasado. La verdadera finalidad de ese fantasma era sin duda comunicarse con nosotros y ya lo ha hecho, así que no creo que vuelva a dar más problemas, por lo menos en un tiempo.

Cuando caminamos hacia la Luz, cada día que pasa estamos más iluminados. Lo difícil es saber si la dirección que tomamos es la más apropiada para llegar a ella, y si la claridad que recibimos es realmente de la auténtica Luz que anhelamos. Nos encontramos en un momento fructífero para las investigaciones, ya que tendemos a matar constantemente a nuestro yo de manera inevitable para reformularnos de nuevo y continuar siendo alguien... o por lo menos algo.

Os mantendré I-N-F-O-R-M-A-D-O-S.

Maniobras de control

Maniobras de control

Domingo, 8 de enero

El amor es el más grande de todos los misterios. Prueba de ello es que no paran de llegarme casos en los que hombres y mujeres me piden que espíe  a sus parejas, ya que sospechan infidelidades, traiciones o entresijos de otra índole. Me alivia pensar que trabajo no me va a faltar nunca, aunque en épocas como esta me gustaría ir algo menos ajetreado y dedicarle más tiempo a asuntos que me conciernen directamente, como descubrir el paradero de Diana o exponerle a X mis problemas existenciales, ya que últimamente no paran de aflorar interrogantes como si mi cabeza se encontrara en un terreno fértil para las dudas y segundas revisiones.  

El caso de la señora Del Valle es muy curioso. Ella ha dejado a su marido por un hombre de mejor posición social y económica (algo habitual en mujeres de poco probada capacidad intelectual, pero no iba a ser yo quien se lo iba a decir). Hasta aquí todo parece normal, pero lo que hace que este caso sea diferente a los demás es que la mujer me ha pedido que espíe a su anterior pareja, pues no quiere desvincularse de él completamente y necesita saber qué es de su vida –cuáles son sus nuevas conquistas, en qué círculos se relaciona, cuáles son sus logros laborales, etc.- Eso es lo que yo llamo una mente retorcida, víctima de las circunstancias, una mujer fatal de las de verdad.

He seguido pues a la antigua pareja de la señora Del Valle tal y como me ha pedido, creyendo que se trataría de un pobre diablo. Nada más lejos de mis hipótesis, me he encontrado con un tipo interesantísimo y que me daría mucho de qué hablar en mi diario, pero no lo haré por mantener cierto secreto profesional  en la investigación. Tan solo diré que la señora Del Valle ha puesto una cara de circunstancias al saber las bacanales que se monta su ex en el piso que compraron entre los dos, y el interés que han depositado en él una importante editorial especializada en guías de viaje. El ex de la señora Del Valle lleva pues un tren de vida envidiable, pues no para de viajar y de practicar sexo con gente interesante.  

No sé muy bien cuáles serán las intenciones de la señora Del Valle respecto su ex-pareja, ni qué piensa hacer con la información que le he proporcionado. Ella ha pagado mis servicios y se ha esfumado sin decir nada más. Sin duda en nuestros días somos víctimas de una desazón que no nos permite tener linealidad en nuestras relaciones. Reflexionando sobre este tema, extraigo conclusiones como la de la serialidad: tenemos relaciones sentimentales que se resuelven de forma serial, por capítulos, y no en un larguísimo plano secuencia que dure hasta el fin de nuestros días. El amor no se comporta de ese modo, por lo menos no ahora mismo.

Mientras muchos viven el siguiente capítulo, otros se quedan estancados en crisis de creación amorosa que no les permiten ser del todo felices. Aplicándome todo este cuento a mí mismo pienso el modo en el que se cerraron mis antiguas relaciones. Todas ellas acabaron por todo lo alto, dejando a la audiencia en vilo y con ganas de saber más. El misterio del amor va como va.

Al mal tiempo, buena máscara

Al mal tiempo, buena máscara

Viernes, 6 de enero

  Hace dos noches que no pego ojo. Los días son lluviosos y no he salido demasiado de casa. Esto hace que no pare de darle vueltas no sólo al caso, sino también a cuestiones no resueltas en mi vida. No sé quién decía que un pesimista era alguien que pensaba que las cosas no le podían ir peor y un optimista alguien que creía que lo malo siempre podía ponerse todavía más feo. Ahora mismo no sé en qué lado de la línea me encuentro, pero sin duda la vida de este detective conoció tiempos mejores.  

En lugar de ir yo, ha venido a verme X. Le comenté por teléfono que no me encontraba demasiado rumbero para ir hasta Poble Nou, y mucho menos con las sospechas de que hay alguien que me persigue todavía sin saber muy bien con qué fines. Me sorprende X cada día más, no sabía que además de ser investigador daba clases en la Universidad de Filosofía. Le he pedido que me recomiende algún libro que eleve mi estado de conciencia, y me ha dicho que “eso no depende del que genera el discurso, sino de quien indaga a través de él”.

  La teoría de X, experto en casos paranomarles, es la siguiente: "Diana ha sido abducida por algún grupo cabalístico y sus acciones no corresponden a su yo real, sino al lavado de cerebro al cuál ha sido sometida". No es la primera vez que X se encuentra ante un caso parecido, y dice que una vez en el interior de la Cábala, es muy difícil recuperar a la víctima que no solo asesinará, sino que estará dispuesta ha realizar cualquier acto para servir a su “gurú” , también conocido como “mensajero”.  Así pues no volveremos a dar con ella hasta que encontremos al “mensajero” de esta organización y sepamos con qué entidad maligna ha establecido sus vínculos.  

Mientras escucho todo esto siento un ligero mareo. Creo que me estoy implicando emocionalmente demasiado en este caso, y se me juntan los problemas de mi vida privada con los del trabajo. X no para de hablar y de decir cosas terribles, entre ellas la consideración de inspeccionar el bosque donde vi a Diana por última vez. Puede que encontremos algún portal en ese perímetro. No se explica entonces de otro modo su desaparición en medio de la oscuridad. Ahora mismo no me apetece nada volver a ese lugar y me da un poco de miedo lo que me pueda encontrar. Es increíble como uno pierde el valor cuando pasan demasiados días sintiéndose como el Llanero Solitario. “Pero, ¿qué te pasa?” me pregunta X. Se lo explico y me da un abrazo. Algo es algo.

  De nuevo me quedo solo en casa. La lluvia que no para de caer es definitivamente la comparsa al tedio que siento en estos momentos. Abro un comic-book que hace días que tengo ganas de leer, V de Vendetta. Una realidad alternativa en la que el fascismo es el poder imperante y su protagonista es un justiciero enmascarado, que tiene un plan estratégicamente diseñado para vengarse de aquellos que lo mantuvieron preso en un campo de concentración. La historia es realmente inspiradora y cuando la lluvia cese quizás yo también piense con mayor frialdad y claridad. Como los que me mantienen encerrado, en esta tarde gris. 

Mi instinto asesino personal

Mi instinto asesino personal

Jueves, 5 de enero

 Tras los sucesos de ayer no me apetece establecer demasiados enlaces con el mundo exterior. Me he  pasado todo el día en el estudio de la calle Encarnació; no sé cuántas películas de detectives he visto hoy, pero sin duda me quedo con Cowboy Bebop como la panacea de la escena detectivesca de Shinichiro Watanabe. Curioso nombre.  

Enfrentarse a un cadáver como texto que encierra los signos de su propia muerte no es una tarea fácil. A lo largo de mi carrera profesional me he encontrado con auténticos especialistas, forenses y criminólogos capaces de dar con pistas absolutamente imprescindibles para resolver casos de asesinato. A lo que me enfrento ahora no es exactamente lo mismo. Yo presencié el momento en el que Diana apretó el gatillo y el cuerpo de la chica, ahora sin un ápice del destello rubio de sus cabellos, espera en la mortaja a recibir sepultura sin que su cadáver pueda darnos ningún dato del misterio que encierra su muerte. La única pista relevante es que el forense ha detectado restos de cocaína en su organismo. 

A través de la oscuridad del estudio le doy vueltas a todas estas variables. Todavía no me he puesto en contacto con X, ahora se me hace inminente mi encuentro con él ya que el giro que ha adquirido el caso es demasiado enrevesado como para que yo solo pueda sacar conclusiones claras. Recuerdo melancólicamente mis primeros encuentros con Diana. Jamás pude ver en ella una chica alegre.

 Ha ocurrido algo curioso hacia la una de la madrugada, cuando entraba en casa. He dejado el coche en el parking y he tenido la sensación de que alguien me seguía. Me he girado en varias ocasiones, pero no he visto nada. He entrado en el edificio sin encender la luz y me he quedado pegado a la pared, observando desde la oscuridad la calle iluminada por la luz tenue de la farola. Efectivamente, un amigo misterioso ha aparecido a los cinco minutos, un hombre vestido completamente de negro al que me ha sido imposible reconocer. Se ha acercado a la puerta y ha empezado a hurgar en la cerradura con algún tipo de ganzúa.  

Me he alarmado enormemente y he sacado mi Colt del 55, dispuesto a dispararle en una pierna en cuanto abriera la puerta. Desafortunadamente mi perseguidor a desistido de su empeño. Quizás alarmado por ser descubierto por algún vecino, ha cesado de forzar la cerradura y se ha largado. En estos momentos, desde la ventana de mi apartamento completamente a oscuras, observo la calle intentando rastrear algún indicio de alguien que quizás pueda estar acechándome en las sombras. Me he fijado que hay un coche gris aparcado desde hace unas horas. Una mujer joven, morena, fuma compulsivamente en el interior. En el asiento del copiloto hay un tipo algo mayor que se muerde las uñas. Me da la sensación de que hablan de algo turbio cuando les observo con los prismáticos.  

Si intentan algo les mato.

Proyecto beso

Proyecto beso

Miércoles, 4 de enero

  He de precipitarme a escribir lo que me ha ocurrido, porque no quiero que se me olvide ningún detalle cuando me levante por la mañana, o que mi alteración mental me haga creer que todo ha sido un sueño. Lo que ahora relataré ha sido una experiencia muy real y lo que he presenciado esta noche ha sido uno de los acontecimientos más extraños y alucinantes a los que me he enfrentado en toda mi carrera de investigador.  

Una de las bases sobre las que se construye toda buena investigación es la paciencia. Me he pasado toda la tarde de incógnito esperando en mi coche, en la puerta del bloque de pisos donde vive Diana. Tengo una copia de las llaves de su apartamento, pero sabía que ella estaba en casa y lo que yo buscaba no está oculto entre las paredes de su estudio. Todavía guardo alguna pequeña muestra de la hierba índica que me traje de Ámsterdam y  ha servido para amenizar mi espera.

  Sobre la una menos cuarto de la madrugada un BMW gris se ha parado en la puerta de su casa. Con los prismáticos he visto que la persona que lo conducía era una chica joven, posiblemente no llegara a los treinta. Pelo rubio y largo, ojos azules. De nuevo tenía delante otro canon de belleza caucásica. Diana ha aparecido y se ha montado en el coche. Ambas se han saludado empáticamente, como si fueran viejas amigas. Las he seguido hasta las inmediaciones de la ciudad. Algo en mi interior me decía que se dirigían de nuevo al lugar donde encontraron la última pista de la niña desaparecida.  

Han parado el coche en un lado de la carretera que conduce al puente. Yo me he quedado atrás, a una distancia prudencial desde donde podía observar sin ser visto. Una farola cercana iluminaba tenuemente la escena en el interior del BMW. Diana y la chica desconocida  han empezado ha hablar. La joven ha sacado de su bolso un sobre y lo ha abierto, enseñándole el interior  a Diana. Esto ha causado una reacción insospechada en ella, se ha quedado seria y sin habla. De pronto, ambas se han mirado fijamente y han comenzado a besarse en la boca apasionadamente. Diana ha hecho un ademán de apartarse, pero la joven ha insistido y finalmente ninguna de las dos parecía con ganas de poner resistencia a unos besos largos, profundos. Parecían bastante cómodas pegándose el lote. He bajado del coche y me he acercado al de ellas sigilosamente, con mi cámara de fotos.

  Estaba tan estupefacto fotografiando aquellos dos cuerpos contorsionándose en el interior del coche, que no me di cuenta de la estratagema. Diana introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta larga y sacó un arma. El disparo en el estómago a la belleza del norte arrojó un reguero de sangre encima del cristal y el volante. Me agaché detrás del BMW tanto como pude para no ser descubierto. Diana salió del coche como una exhalación dejando la puerta abierta, y corrió como perseguida por una horda de demonios, internándose en el oscuro bosque. 

He perseguido a Diana a través de la noche, pero no he logrado seguirle los pasos. De repente ha sido como si desapareciese en medio de la oscuridad. De vuelta al BMW abandonado en el arcén con el cadáver de una rubia en el asiento del piloto, me he dado cuenta de que el sobre había desaparecido. He intentado hurgar en los bolsillos  de la joven, en busca de algún dato útil, pero todo estaba cubierto de sangre y no me conviene dejar ningún rastro de mi presencia en la escena del crimen. He de ver al forense mañana por la mañana.

Una vida se ha ido delante de mis narices en el transcurso de esta noche. Diana se encuentra completamente absente. Este caso empieza a estar demasiado manchado de sangre.

Una semana en el distrito de la Luz Roja

Una semana en el distrito de la Luz Roja

Martes 3 de enero

 Llegué ayer de Ámsterdam. Desde mi adolescencia no había pisado esa ciudad-burbuja y no recordaba las maravillosas posibilidades que ofrecía a cualquiera que tenga ganas de experimentar nuevas sensaciones. Las calles de casas victorianas apiñadas, de escalinatas retorcidas, el romanticismo de los canales, la vanguardia musical, la agitación sexual y las drogas han sido alguno de los ingredientes de un cóctel molotov que ha ido explosionando paulatinamente a lo largo de cinco días de auténtico delirio orgiástico, en los que he adquirido una experiencia valiosísima que sin duda pondré en práctica en mis futuras aventuras de detective seductor.

Estaba bien claro que no podía estar en ningún otro lugar más que en Ámsterdam durante la noche de fin de año. El día 31 me levanté con una sensación un tanto delirante, me sentía nervioso y con algo de ansiedad al pensar en los acontecimientos del glorioso 2005 y que cerraría esa noche con un broche impregnado de olor a Marihuana. Los recuerdos hacen al hombre un poco miserable, así que me puse en plan progresivo y pensé hacia delante. Para todo hay solución. Para Diana, para Lulú, para X... a todos ellos dirigía mis pensamientos en los oscuros rincones de los coffee-shops donde no paraba de encontrarme gente rara. Yo era también uno de ellos.

 A media noche el gentío enloqueció todavía más si cabe, y los fuegos artificiales tomaron la ciudad en un asedio constante de luz, color y explosiones. Toda Ámsterdam retumbó en una especie de parade de media noche, la música sonaba en todas las calles provinente de los locales, la gente bailaba y saltaba, se enrollaban canutos de hierba por un lado y lanzaban petardos por el otro, los hombres se besaban en la boca, las mujeres se tocaban el culo y sonreían a todo el mundo,  y yo tenía la sensación de estar en la calle pero realmente me encontraba en una dimensión paralela en la que todo el mundo se había propuesto pasarlo bien.  

El grupo de gente con el que me hallaba se encontraron rápidamente bajo la influencia de sustancias químicas, muy activas. Nos metimos en un local dónde pinchaba una chica preciosa, de anuncio. La música era envolvente y rítmica, bailamos a su alrededor y yo admire su buen gusto escogiendo los discos. Aparté mi vista de ella un segundo antes de enamorarme y continué fumando del arsenal que nos aprovisionaba. Exquisita selección de índicas que producían en mi un efecto esclarecedor y me hacían permanecer muy despierto y con una aguzada sensibilidad que pensaba por sí misma y no paraba de decirme: “estoy abierta a todo”, “estoy abierta a todo”. 

 Propulsado por este efecto me encontré encerrado en el lavabo con Anne, una mujer holandesa con la que comencé hablando en francés, cambiamos al inglés y a la que entendí en perfecto holandés que era el momento de un intercambio cultural profundo. Anne me transportó literalmente a un campo de tulipanes, y ahora tengo un sueño recurrente en el que abro los ojos y me encuentro con la belleza nórdica de su rostro. ¿Querrá decir eso que hubiera podido enamorarme de ella? Creo que jamás lo descubriré, ni en diez años de investigación.  
 

Fuera de la burbuja y de vuelta a la realidad cotidiana me doy cuenta de que, a nivel perceptivo, ciertas cosas han cambiado con la entrada del 2006. Seguramente será un año repleto de sorpresas y que sin duda ha comenzado fabulosamente. Los silencios acostumbrados se vuelven más volubles y parecen desaparecer. Lo que realmente importa sale un poco más a la superficie y el amor, el anhelado y utópico amor, nos vigila amenazante maquinando en las sombras, no vaya a ser que lo descubramos y mande al traste todos nuestros planes.    

Misterio en Amsterdam

Misterio en Amsterdam

 

Amigos de La Escalera, me marcho a Holanda tras la pista de Seveline. Mi contacto de Poble Nou tiene toda la información relevante al misterio de la muerte de Chet Baker. Os deseo una buena entrada de año y nos vemos de nuevo en breve...

Domingo 25 de diciembre

  Yo ya sabía que me iba a ocurrir algo así. Estuve aporreando la guitarra eléctrica con Albert, Olivia y Nelete. La sesión estuvo bien, tocaron Psycho Killer de los Talking Heads, una canción que va que ni pintada durante estos días de tedio en los que dejamos que la familia nos haga ser todavía más malas personas. Me gusta las nuevas composiciones de la banda, el tema “Call it drug” tiene madera de hit, estoy convencido de ello. Me gustaría llevar a Zlaya Hadzic alguna maqueta del grupo a Ámsterdam y plantearle el hecho de meterlo todo “In the Fishtank”. Ya veremos que pasa, porque de momento no me remonto de la faringitis, es más, la cosa ha ido a peor. Por lo menos Mogwai ha sacado un disco nuevo, se llama “Mr. Beast” y lo editarán en enero. Mientras tanto me lo voy descargando de la red, a la vez que descubro otros grupos de herencia directa de estos mamones de Glasgow. Los “Papa M” hacen un sonido metafísico, sin duda entroncado en la geografía del post-rock. “Part Chimp” son unos colgados de Londres, que según los  Mogwai son la única banda decente de la ciudad. Evidentemente se equivocan, pero claro, uno de los componentes de Mogwai ha sido el que ha producido el disco y no va a hablar mal de ellos. De todos modos estoy seguro que suenan de forma poderosa e incluso apocalíptica. Ya veremos.