![]() CINE Y TRANSREALIDAD
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.
Adrián Vallecillo Graziatti, gran periodista y uno de esos amigos que perduran a través del espacio-tiempo, me envía sus últimas reflexiones acerca de la nueva película de Darren Aronofsky, "La Fuente de la Vida". No he podido resistir la tentación de publicarlas aquí, debido a las cuatro verdades que Adrián expone en el artículo, y por la clara división de opiniones que suscitó tras su paso por el XXXIX SITGES - Festival Internacional de Cine de Catalunya. Un nota aclaratoria: el artículo de Adrián no contiene ningún spoiler, leed bien atentos aunque no tengáis ni idea de qué va la película. Nos encontramos ante el cine del futuro, amigos. EL CINEASTA DEL SIGLO XXI Por Adrián Vallecillo Graziatti Han pasado siete años - se dice pronto - desde su última película, pero la espera… ha merecido la pena. En su presentación en Europa (Festival de Venecia), críticos y aficionados puristas se desgañitaron a gusto con ella. Menos mal que una iluminada minoría trató de contrarrestar los abucheos. Y es que, como ya ocurriera con sus dos primeras películas, Pi (1998) y Réquiem por un sueño (2000), Darren Aronofsky vuelve a fabricar una obra de culto, un clásico en potencia cuya genialidad será refrendada algún día por los mismos que ahora la tachan de artificio o engendro. Tiempo al tiempo. Hay creaciones que traspasan cualquier frontera artística, tal vez porque son capaces de aunarlas todas. Si los talentos que pueblan la industria del celuloide tuvieran sólo una porción de la valentía con que Aronofsky encara sus proyectos, el cine estaría más cerca de una experiencia religiosa/mística que de la vida misma. Desde Stanley Kubrick (salvando las distancias, por el momento), no he visto un talento tan desproporcionado. Quizás las obras de arte puras y perfectas no existan, tal vez, para ello, deban llevar dentro de sí signos de imperfección (y no cambios radicales) que nos recuerden precisamente que son humanas. La fuente de la vida está plagada de fallas (guión poco trabajado, abuso de planos cenitales, cutre ambientación, agujeros narrativos, diálogos banales, fárrago psicológico…), raro teniendo en cuenta su presupuesto, 35 millones de dólares (Pi, 65.000, y Réquiem, 4´5), pero eso da una idea de las dificultades que ha podido encontrar un director capaz de sacrificarlo todo por una idea. Si crees en la trascendencia del amor ("no somos más que polvo de estrellas"), si crees en la vida después de la muerte, si quieres enriquecer tu alma, bebe de esta fuente, porque te abrirá (y dejará abiertas) vertiginosas perspectivas metafísicas. Todo el mundo sabe que un día se morirá, pero casi nadie se lo cree. Cada vez nos cuesta más creer. soñar, pero cuando el cine se convierte en ARTE, cuando entra en una nueva era, todavía queda esperanza. ¿Quién no ha tenido nunca la pesadilla de ir subiendo unas escaleras cuyos peldaños se van desmoronando inmediatamente después de pisarlos? Uno sube y sube; lo más rápido que puede, luchando contra la fatiga, y los peldaños se desvanecen, se pulverizan tras cada paso, precipitándose a gran velocidad hacia una profundidad negra e insondable, desde la cual mil ojos rojos y vidriosos observan agitados. Es cierto: en el subsuelo habitan criaturas horribles. En las alcantarillas, en los túneles del metro, en los sótanos de las casas antiguas. Ese es uno de los primeros lugares que miramos en las mansiones que creemos que están encantadas. En esta ocasión nos encontrábamos Zrisnak y yo, hablando sobre el musgo y lo difícil que es pescar en los baldíos de Costa Oscura. Zrisnak perteneció a una secta años atrás, la Hermandad de Los Inmortales. Pero afortunadamente hubo gente que se preocupo por él y al final logró salir de aquél infierno. De aquellos días no recuerda mucho, tan solo que perdió a su familia. Sencillamente no sabe donde están, aunque convence a todos de que alguna vez la tuvo. Una mujer. Y una niña. Hoy estoy muy cansado, llevo todo el día con la fastidiosa mudanza, cruzando Barcelona con cajas llenas de libros que hablan sobre vampiros, con manuales de espiritismo para invocar a Verónica y un laboratorio portátil que he de volver a armar cuando me asiente en mi nuevo hogar. Mi anterior apartamento sigue pendiente de un importante exorcismo, y antes de pisar la entrada la señora X ha llevado a cabo un rito psicomágico. Creo que me voy a poner otro café. Pues sí, esta mudanza me ha traído sueños muy confusos que no acabo de entender bien del todo. Quizás sea por el cambio de estación, quizás sea porque me doy cuenta de lo poco que sé cuanto más investigo, o al igual que la mayoría de los grupos que escucho a diario, ya he perdido el oremus inicial que me impulsaba a reflexionar acerca de mis descubrimientos sobre el Más Allá. Yo mismo me releo y no entiendo nada. Los de la generación beat también lo hicieron cuando tenían mi edad. De verdad os lo digo: el amor no es tan complicado. Un mundo creado por error es un cosmos abortado. El tiempo es uno de los efectos de tal aborto, una imitación forzada de la eternidad. Cada uno de nosotros se haya inmerso en facciones equidistantes, en perspectivas paralelas cuyas líneas de fuga se multiplican hasta el infinito. Cada una de estas percepciones es errónea en realidad, y nos equivocamos y tropezamos y nos volvemos a caer y no entendemos nunca qué está ocurriendo en realidad. Eso es lo que tiene el no poder ver más allá de la nariz. El proyecto humano sigue vivo. Vivo y rabioso, colea y da patadas como un bebé que está a punto de salir del huevo. Hemos instalado un telescopio en la nueva terraza, para observar más de cerca los planetas y las constelaciones, a la búsqueda de bichitos palpitantes. Hasta la fecha, desde que nos hemos mudado al apartamento con terraza, hemos visto a través del catalejo espacial varios objetos voladores no identificados y os juro que ayer por la noche vi también una estrella fugaz. Mirando por la noche las estrellas me doy cuenta de cuán perfecto y ordenado está todo allá arriba y lo difícil y complicado que puede ser vivir aquí abajo. Gracias al telescopio hay días que puedo ver más allá de mi nariz y observar, por ejemplo, como se desnuda la vecina de enfrente antes de tomar un baño de espuma. Puedo hacerme un zumo de naranja por la mañana y verla como se despierta, como sale de la cama en bragas y rebusca en la mesita de noche un vibrador de látex de color rosa, con el cual se masturba de forma prolongada, follándose ininterrumpidamente hasta correrse entre espasmos. El proyecto humano está vivo. LA AGONÍA POSTMODERNA La idea del estudio de los cambios en la percepción y gestión del terror en las artes como disciplina es, precisamente, el intento de desarrollar una comprensión sistemática de los mecanismos semióticos del terror, las diversas estrategias que adquiere el miedo para ser efectivo. La influencia de los atentados acaecidos en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 modifican en alto grado el modo de gestionar el terror en las sociedades occidentales y por ende se ve reflejado en el marco de sus artes. Intuimos que en el seno del relato hipermedia de género de horror se han operado ciertos cambios en la forma mediante la que el terror se hace explícito ante el espectador. La paranoia, presente según Eco en la sobreinterpretación de cualquier texto, se convierte en una herramienta de decodificación que se actualiza constantemente, se instala en las sociedades que siguen el patrón postraumático tras el fracaso del proyecto moderno. El futuro ya nos ha alcanzado, y no es como se suponía que tendría que haber sido. En líneas generales pesa más la decadencia que la modernidad, el hombre explota como nunca los recursos del planeta bajo la constante amenaza del grave impacto medioambiental que ya ha comenzado a manifestarse... y esto es tan solo un ejemplo más que ilustra la constante “inhibición” a la que el hombre de las sociedades capitalistas se ve sometido. Por doquier encontramos el sentimiento difuso de ser “culpable de algo”, de lo que sea (de engordar, de envejecer, de no poder autorealizarnos), mientras aumenta el pavor de ser agredido por un extraño. Entre la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y las explosiones de los trenes en Atocha el 11 de marzo de 2004 ocurre que se da por zanjado el nunca completo proyecto de la postmodernidad, ese sobre el que tantos periodistas nos dan la murga en todos sus (malos) artículos acerca de la cultura, sin saber que hace tiempo que fue erradicado. Entre nosotros se instala un “Otro” que acecha en la sombra, un enemigo invisible que es posible que se encuentre incluso dentro de nosotros mismos. La transmisión en tiempo real de los atentados de las Twin Towers permitió que esa destrucción fuera vista mundialmente... y mundialmente interpretada como un spot publicitario, o como el trailer de un film “de catástrofes”. En ese momento comenzó la agonia de la postmodernidad... |